
Mi Kabbala – Shevat 14, 5786 – Domingo primero de febrero del 2026
¿Infinito?
El Texto de Textos nos revela en Isaías 10:1, “!!Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía, 2 para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo; para despojar a las viudas, y robar a los huérfanos!”
Fuimos creados por un Ser omnipotente y omnipresente (Eyn Sof, אֵין סוֹף), visión, que nos debe permitir entender que nuestras medidas humanas producto de un lenguaje sesgado, limitado y finito, no pueden siquiera imaginarse lo que Él es, como tampoco el propósito de Su obra, por lo que en vez de teorías, explicaciones, interpretaciones o elucubraciones debemos expresar nuestra adoración por esa capacidad verbal para comunicarnos, coexistiendo en un mundo de misterios, en donde es la fe la que nos permite explicar lo inexplicable gracias incluso a su misma Palabra que nos revela lo oculto.
Por ello la letra Jet (het, heth, ח, J de nuestro español), nos proyecta a través del número ocho, en la gematría, la invitación a hacernos conscientes que las cosas pueden extenderse y transformarse en pro de encontrar nuevos significados, siempre y cuando tengamos en cuenta las leyes naturales y el equilibrio que estas generan, lo que implica leer en ese signo (het) una especie de muro que nos coloca en alerta al respecto de hasta dónde podemos llegar, permaneciendo siempre en esa visión divina que nos debe llenar de esperanza para ver en cada instante un nuevo comienzo, un cielo nuevo, sabiendo que Él y Su palabra contienen el apéndice de todo el infinito.
Estamos inmersos en el mundo de lo finito, dentro de lo eterno y aunque no podemos asimilar lo que es Él, desde nuestro mundo social limitado (gebul, גְּבוּל) si podemos entender que todo tiene un orden y que cada partícula posee una parte del todo, muy bien determinada así como una función específica, por ende, los acuerdos o normas más que barreras o fronteras debemos entenderlos como delimitaciones que separando lo interior de lo exterior, nos indican la necesidad de ajustarnos a valores, deberes y derechos que cual recipiente nos permitan recibir para dar, atendiendo así el mensaje supremo del amor.
Contamos con un libre albedrio que requiere de principios como la caridad (Tzedaka, צדקה), la justicia, sì de valores que nos hagan actuar para Ser, transformándonos a cada instante gracias a esos actos ajustados a Su plan, propuestas que requieren de Sus preceptos, para adaptarnos a la naturaleza de las cosas, sabiéndonos partes de ese todo infinito, gracias a cada uno de nuestros intercambios permanentes los cuales deben alinearse a los mandatos divinos para que podamos avanzar guiados siempre por Su Espíritu, con el que interactuamos para que lo material y lo inmaterial fluyan armónicamente.
Así como José (יוֹסֵף, Jehoseph: Jehová añadirá), fue útil en la entrega a los Israelitas de la tierra prometida, esa visión nos habla de nuestra nueva morada, de la cual reconocemos solo pequeñas proporciones cuando amamos, relaciones que nos balancean y nos permiten determinar, separar y extraer apartes de ese gran todo que hoy no reconocemos, fruto de nuestro pecado, es así como ese libre albedrio que parece oponerse a esa fuerza espiritual por nuestras divergencias es el que nos habla de complementemos, siendo necesario que atendamos ese llamado celestial a vincularnos: a aportar.
El Texto de Textos nos revela en I de Pedro 3:12, “porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal”.
Oremos para nuestra finitud acepte su infinitud.



