
Mi Kabbala – Iyar 1, 5786 – Sàbado 18 de abril del 2026.
¿Confiamos?
El Texto de Textos nos revela en Jeremías 17:7, “Bendito el hombre que confía en el Señor y pone su confianza en Él”.
Es bien sabido que una cosa es creer en el Señor y otra el creerle al Señor, lo que implica que si tenemos fe en Él, debemos denotar está en nuestra cotidianidad, ya que, si Él es el Creador de todo y por ende, es omnipotente y omnipresente, no es coherente que estemos dudando de sus propósitos y menos que tras anhelos egoístas, supongamos que Él se deba comportar acorde a nuestras búsquedas mundanas finitas y limitadas. Se trata más bien de dejarnos guiar por Él y de asumir que, si estamos en sus designios, todo lo que nos ocurrirá será para nuestro provecho y nuestro bien (טוֹב, tob).
Confianza, que nos invita a actuar conforme a sus preceptos como principal sendero para que como creyentes logremos ese destino final a Su lado, sin embargo, preferimos seguirnos dejando guiar por las dudas, por nuestros propios criterios egoístas y por recomendaciones mercantiles mundanas que ideadas por la serpiente nos llevan desde Eva a seguir perpetuando un legado de desobediencia de la que aún no nos hemos podido liberarnos, probablemente por ello, el nombre Caín en hebreo (קַיִן, kayin) nos reitera que el pecado es algo adquirido por nosotros, por no valorar lo por Èl otorgado.
Presuponer como Eva que estamos llamados a querer adquirir algo, incluso esperando que así se mantenga la promesa divina, es lo que nos lleva como ella erradamente a creer que tenemos que hacer algo para recibir. Errada interpretación que delega la responsabilidad de otorgar y que prolongamos al seguir como Caín, reproduciendo deseos, obviando que todo lo adquirimos por el Creador, quien para arreglar aquella situación pecaminosa que nos hace desobedecer comiendo del árbol del conocimiento del bien y del mal, se humano a fin que el engañador (מִרְמָה, mirmah) no siga tentando nuestros actos.
Confusión en la que caemos regularmente y que lógicamente genera que no nos acojamos a los propósitos del Creador y que por el contrario, como Set, nombre que expresa una cosmovisión completamente diferente que, hace referencia a (שֵׁת, shet) algo proveído o provisto, por el mismo Creador, como sucede con todo lo creado, empecemos a aceptar sus designios (לָשִית) dejando de obviar que debemos ser guiados exclusivamente por Su Espíritu, y no por nuestros deseos o raciocinios incoherentes. Se trata de creerle y de tener fe en Él, ya que siempre seremos llevados por el buen camino, el mismo que Él diseño y el cual difiere mucho de nuestras búsquedas egocéntricas.
Enos (אֱנוֹשׁ) como hijo de set, al igual que su padre nos recuerda lo importante de comprender cada una de nuestras intenciones, esas que luego se hacen acciones, las cuales usualmente van en contra del plan del Creador, razón de peso para que los humanos al igual que Eva, a veces supongamos que estamos haciendo las cosas bien, sin hacerlas, todo porque no confiamos en Él sino en nuestros criterios. Por lo tanto, la diferencia siempre será extremadamente significativa para denotarnos que no se trata de intentar acciones propias, por nobles que estas nos parezcan, sino sobre todo de entregarle nuestra voluntad a Él, de tener Fe y dejarnos guiar por sus preceptos y mandatos, cumpliendo con estos.
El Texto de Textos nos revela en I de Juan 5:14, “Esta es la confianza que tenemos al acercarnos al Creador: que, si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye”.
Oremos para confiar plenamente en nuestro Creador y su guía.



