
Mi Kabbala – Shevat 13, 5786 – Sábado 31 de enero del 2026.
¿Distraídos?
El Texto de Textos nos revela en I de Samuel 2:30, “por tanto, el Creador Señor de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho el Creador: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco”.
El acto de crear implica en sí mismo una organización que a su vez desemboca en una serie de planes, preceptos y normas para lograr que todo lo creado coexista armónicamente, pero debido a nuestro libre albedrio, al ser a imagen y semejanza del Creador, tuvimos la posibilidad de decidir el cómo recrearnos en Su obra, lo que indudablemente nos llevó a desobedecer el programa original que nos diseñó Él, para vivir de una forma arbitraria en contra de Su voluntad, destruyéndonos, al creer en lo que no tiene sentido. Es por ello, que nuestro camino de retorno implica el colocarnos en los zapatos (נָ֫עַל, naál) de los otros para que juntos retomemos esa armonía divina.
Nuestro cuerpo no nos permite reconocer esa alma (נָ֫פֶשׁ, néfesh) que aunque coexiste en los cinco mundos o niveles, se ve dominada por la materia, proceso de crecimiento integral para elevarse que cual escalera, como lo describió Jacob, requiere que vayamos reconociendo la gravedad de nuestro pecado para ir transformando nuestras intenciones y con ellas alcanzar otro nivel de conciencia gracia a retroalimentarnos del Árbol de la vida, dejando así de enfocarnos en esos deseos egoístas que solo nos alejan de esa fuente primaria de Luz y vida: el Creador y de su aliento (ruaj, שמר) y guía.
Hálito (נְשָׁמָה, neshamá) que se encuentra en todo lo que nos rodea, de allí la importancia de atender las manifestaciones del Creador; señales, que debemos apreciar, escuchar, sentir, para lograr una apertura sensorial que nos posibilite aceptar esas revelaciones que nos llaman a despertar, capturando esa otra información celestial, para identificarnos con ella y con tacto permitirnos integrarnos a Él a través de Su obra; olfateando mejor todo, logrando observar las alertas que nos previenen de lo incoherente para poder además saborear con buen juicio el día a día al nutrirnos de Su palabra, la cual nos orienta.
Se trata de revestirnos de Èl: Tallit katán (טלית), tal y como esos flecos cual poncho con un agujero para la cabeza nos lo proyecta, intentando que los nudos de nuestros deseos egoístas nos desaten de ese estado vergonzoso y logremos una apertura (Tzitzit) mental en donde pasemos de nuestras 600 intenciones mundanas a los 613 mitzvot, que como mandatos nos hablan de lo que debemos visionar en pro de nuestro crecimiento integral siendo más espirituales, dándole así a nuestra razón esa perspectiva divina gracias eso sí a la unción del Espíritu Santo.
El concepto de Jayá (הָיָה) nos reitera igualmente que nuestra alma está conectada con ese nivel de conciencia que puede ver la realidad de una forma diferente, ya que el mundo físico es solo una sombra, un reflejo que percibimos desde nuestras inconciencias, siendo necesaria esa cuerda o haz que nos permite el discernir mejor lo que nos sucede para que ya no sean algunos deseos mundanos los que nos manipulen, sino que logrando un sentido trascendente tengamos la claridad mental para ir escalando en buenas obras, desde el suelo hacia el cielo, producto de una comunicación permanente con nuestro Creador alimentada por nuestras diarias oraciones.
El Texto de Textos nos revela en Efesios 5:17, “por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”.
Oremos para que nuestras trasformaciones interiores proyecten cambios exteriores.



