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Mi Kabbala – Sivan 14, 5785 – Miércoles 11 de junio del 2025

¿Cruzar?

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 8:35, “Porque el que me halle, hallará la vida, y alcanzará el favor del Creador”.

A diario tenemos que desplazarnos de un lugar a otro y en algunas ocasiones hay instantes de incertidumbre en donde el peligro nos acecha, por lo cual debemos en esos espacios y circunstancias apegarnos a la oración y pedir la guía del Espíritu Santo, quien acompañará nuestros pasos, lo que no quiere decir que no se nos presentarán inconvenientes, algunos de los cuales son hasta necesarios para fortalecer nuestra fe, dentro de lo que llamamos pruebas, por lo que es perentorio recordar que si nuestra confianza (בָּטַח, bátaj) está puesta en el Creador, probablemente ocurrirán milagros inesperados que cambian todo, fruto de mantener nuestra esperanza fija en nuestro guía y salvador.  

Tengamos claro que el secreto de la resistencia del pueblo judío durante milenios de migración y persecución ha sido el mantenerse cerca de la Palabra del Creador, la cual implica un pacto con Él. De allí que se dice que es su pueblo escogido, hecho a su medida, sin importar incluso si les ha tocado migrar de la misma tierra que en esas sagradas escrituras Él les dio. No perdamos de vista que al releer en el Libro de Génesis acerca del patriarca Abram (ha-ivri, הָעבָרי) su propio nombre nos reitera que: es el que cruza, refiriéndose tanto a la migración que hizo él, como la de ese Su pueblo, para establecerse al lado del río Jordán y en la tierra de Canaán, la misma que aún es la prometida para ellos, aunque para nosotros los creyentes ella significa el cruzar hacia la eternidad.

Al releer esos cientos de versículos que hablan del paso de un lugar a otro, de transitar por el desierto (מִדְבָּר, midbar) debemos asimilar que es mucho más que la historia de un pueblo, ya que tiene que ver por nuestro tránsito de nuestra esclavitud corporal a la libertad de nuestra tierra prometida celestial, a la cual solo llegaremos si nos atrevemos a dar el paso de fe y cruzar ese mar o rio plagado de incertidumbres y temores, que nos llevan a pensar que no podremos lograrlo, para lo cual necesitamos siempre de esa confianza que nos llama a clamarle como Padre para que sea su Espíritu Santo el que nos guie. 

El concepto hebreo, Adonai ori (v’ishi mimi ira, יְהוָה אוֹרִי וְיִשְׁעִימִמִּי אִירָא), presenta en esa sonoridad y similitud poética: ori – mi luz, la invitación más que a temerle al Creador, a amarle gracias a atender las manifestaciones de Su mensaje, que es luz, la cual por ende, anula el temor que regularmente tenemos los seres humanos. Lo que quiere decir que le respetamos y valoramos por lo tanto, reconocemos la necesidad de su guía, sin la cual nos es imposible cruzar incluso confiadamente de nuestra oscuridad mental a los espacios en donde podemos encontrar de su amorosa misericordia.

Samuel (שְׁמוּאֵל), nos pide que aprender de la historia de Su pueblo, quienes por más de seis mil años ha tenido que desplazarse, siendo sacados de su propia tierra prometida. No perdamos de vista que en cada lugar en que nos encontramos, contamos con la Palabra de nuestro Creador, su Luz y guía y en el caso de los creyentes con su Espíritu Santo, que nos aísla de esos miedos que nos llenan de dudas e incertidumbres. Así que aprendiendo de esos hermanos escogidos nunca debemos obviar la Palabra de nuestro Padre y Rey.

El Texto de Textos nos revela en I de Juan 2:17, “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad del Creador permanece para siempre”.

Oremos para que el Espíritu Santo nos guie para cruzar a Su lado.

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