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Mi Kabbala – Sivan 3, 5785 – Sábado 31 de mayo del 2025

¿Diferencias?

El Texto de Textos nos revela en Génesis 3:15, “y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.

El relato de la creación nos presenta la igualdad, compatibilidad y unidad del primer hombre y la primera mujer, ya que ambos provinieron de la misma fuente: ha’adam, y compartieron la misma carne, hecha del mismo suelo (polvo), al cual el Creador le dio vida por medio de su aliento (נְשָׁמָה neshamá), sin embargo, ese modelo de equidad se perdió, tanto, que hoy la palabra mujer termina describiendo a seres en desigualdad de condiciones y derechos. Machismo que no solo les ha violentado y agredido sino les ha descontextualizado de su preponderante rol espiritual.

La entrada del pecado a nuestros seres, entre muchas nos hizo obviar esa mayordomía que le fue entregada al varón y a la hembra sobre los animales, perdiendo además el respeto hacia la autoridad del Creador, desdibujando como producto de nuestra desobediencia Su amor, confundiendo no solo las responsabilidades otorgadas, sino también las oportunidades de vida, llevando incluso a que algunos varones (אּישׁ, ish) asuman cualidades femeninas y viceversa, obviando ese diseño natural original.

Desde la gematria Bíblica la palabra ish (hombre o varón) y la de hembra o varona (isha) se escriben con las letras Alef (א) y Shin (ש), siendo la letra Yod (י) y la Hey (ה‎),  complementarias, por lo que al juntar estas cuatro letras, se forma igualmente el concepto de Yahvé, con el cual se reconoce al mismo Creador, por ello, es que se dice por quienes estudian gematría, que cuando el hombre y la mujer intiman como pareja se convierten en un solo cuerpo, como Él lo ordeno y en una sola alma, para que así se den las condiciones de integridad que además permite la presencia del Creador.

Son las mujeres las que tienen la posibilidad de ser quienes pueden permanecer originalmente conectadas a la fuente de poder divina y por ende en ellas se reconoce la Luz del Creador, siendo ese poder femenino, transformador en nuestras sociedades: generador de vida, eso sí solo cuando se usa para reparar las relaciones gracias a su amor (אַהֲבָה, ahabah) y guía, lo cual hace además que la mujer sea de un modo innato más amable y pacífica, o sea la forma primaria de manifestación de la misericordia celestial que nadie más que ellas representan.

Ruth (רות) como madre, nos reitera que la energía femenina (אשה, isha), es receptora de vida y otorgadora de la misma, razón fundamental para cultivar más su belleza espiritual interior que la exterior, siendo por esas y otras razones ellas, fundamentales para acompañar a los padres en la formación de los hijos ,que son parte de dicha esencia. Por lo que esa misión divina no se puede desdibujar con lecturas amañadas al respecto de verlas como sirvientas o hasta víctimas de una humanidad que vive alejada de su Creador y sus preceptos, provocando con ello divisiones que desdicen de la necesidad divina de integrarnos y complementarnos, por lo cual ellas son generadoras de vida; dan a luz.

El Texto de Textos nos revela en Tito 2:3, “las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra del Creador no sea blasfemada”.

Oremos para que las mujeres no pierdan su exclusivo rol femenino en este mundo.

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