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Mi Kabbala – Siván 4, 5785 – Domingo 1 de junio del 2025

¿Labios?

El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 10:12, “Las palabras del sabio son placenteras, pero los labios del necio son su ruina”.

Mucho se habla en el Texto de Textos de la purificación (טֳהָר־, tahor) de nuestras intenciones, de nuestras palabras, de nuestros pensamientos, como una forma de indicarnos la importancia de entender que fuimos creados por la Palabra de nuestro amoroso Padre Celestial y que son estos conceptos lingüísticos los que constituyen y consolidan nuestras realidad, siendo necesario entonces que usemos nuestra boca para alabarle, agradecerle, para bien decir y no como sucede a menudo para mal decir de la vida, de nosotros y hasta de Él, así sea inconscientemente.

Las palabras de Isaías, desde antes de saberse profeta, nos llaman a asimilar esas palabras que son esenciales para nuestras vidas al aprender a someternos a Su voluntad, fruto de aquel ritual de iniciación que se hacia en el Templo y en donde los asistentes se limpiaban sus labios con un carbón ardiente tomado del altar, proceso en el cual intervenía un serafín, quien removía (עוֹבֵר, over) esa culpa, perdonando los pecados por allí expresados, como una bella manera de insistirnos que, cuidemos muy bien lo que decimos y el cómo usamos nuestras palabras para el beneficio general, el servicio y la fraternidad.

Los mismos ángeles y los serafines como mensajeros divinos desarrollan un trabajo que consiste en alabar y proclamar la gloria de nuestro Creador, tarea que también debemos realizar nosotros y que nos invita a que con nuestras voces por lo menos agradezcamos e incluso custodiemos como ellos el trono del Señor guiándonos por esas vibraciones que como fuego le dan a estos seres (seraphim, שְּׂרָפִים) la posibilidad de disuadir y expulsar todo aquello que maldice, así que debemos llamear (SRF, שרפ) como lo hacen ellos con sus seis alas nuestro santuario corporal para Santificarnos con Su Palabra.

Se trata de lograr con ese fuego (אֵשׁ, esh) santo de la palabra del Creador predicar con nuestro ejemplo sus enseñanzas. Logrando irradiar esta de tal forma que  esos otros también sean guiados por el Espíritu Santo, quien ilumina nuestro entendimiento para que nuestras expresiones estén llenas de bendiciones y alabanzas logrando que nuestros labios sean usados coherentemente, evitando su uso de esa forma incorrecta que nos ha llevado a vulgarizar hasta nuestros saludos cuando nuestra propia inteligencia nos fue dada para que comprendamos esa verdad de Su palabra.

Todos los profetas nos advirtieron del uso de nuestras bocas (פֶּה, peh) para que como los serafines alabemos, proponiéndonos con ese fuego del Espíritu de nuestro Creador quemar todos aquellos pensamientos que revestidos de palabras grotescas expresaremos a diario y que no aportan nada a nuestra santidad y que por el contrario nos alejan de Èl, siendo necesario que a través de la oración nos permitamos nutrirnos de la única Palabra que debería salir de nosotros, para alabarle y agradecerle, reconociendo con ello no solo Su santidad, autoridad, sino Su paternidad y misericordia para con nosotros.  

El Texto de Textos nos revela en Efesios 4:29, “Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan”.

Oremos para que de nuestra boca sola salgan palabras que estén llenas del Espíritu Santo.

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