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Mi Kabbala – Sivan 8, 5785 – Jueves 5 de junio del 2025

¿Garantía?

El Texto de Textos nos revela en Números 14:8, “Si el Creador se agrada de nosotros, nos llevará a esa tierra y nos la dará; es una tierra que mana leche y miel”.

Los seres humanos hemos consolidado un modelo económico que se traduce para algunos en proyectos de vida, el cual incita regularmente a tener bienes, dinero, en la búsqueda incluso de legar estos a nuestras nuevas generaciones, modelo, que nos lleva a obviar que deberíamos ocuparnos de ser orientados por la Palabra de nuestro Creador, casi al pie de la letra, para que esa vida y herencia sea sana, fraternal, servicial: trascendente, tanto para nosotros como para nuestros hijos, fruto de comprender que al no confiar (מִבְטָח, mibtach) en Él todo lo demás es incierto y perecedero.  

Curiosamente y a pesar que el pueblo de Israel llevaba una vida miserable de esclavitud en Egipto, inicialmente ellos fueron reacios a salir de dicha tierra hacia la libertad (דְּרוֹר, deror) tanto, que el mismo Moisés no se sentía el enviado del Creador. Y es que aunque Él mismo nos asegura que todo en Él es bueno y que nos retornará a nuestra tierra prometida como se lo dijo a nuestros patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob, hasta ellos parece olvidaron por momentos aquel pacto, que como sus hijos significaba una garantía de vida, la misma que se respalda en una visión para la cual se nos dejó unas sagradas escrituras.

Para comprender un poco más ese concepto se hace necesario profundizar un poco en el significado de la palabra hebrea que en español traduce posesión: morasha, la cual proviene de la raíz YRS (ירש) que significa heredar y que no solo nos habla de esa patria Prometida terrenal sino que hace mas énfasis en la celestial, nuestra morada común: yerusha (herencia). Morasha que como herencia preciosa nos llama a la participación activa de cada generación para preservarla, por lo cual yerusha, propone ese legado que debe prolongarse con mayor facilidad una vez aceptamos su guía, confiando plenamente en Él.   

Entender mejor todo lo que ello significa nos lleva a esos niveles más profundos de la promesa de nuestro Padre celestial la cual nos induce a asumir que tenemos esa herencia es única, espiritual, siendo esta la que nos liberará y superará de todas nuestras esclavitudes terrenales, sobreviviendo al mismo paso del tiempo, por ello debemos tener en cuenta que cada letra y cada palabra que se encuentra en nuestras Biblias nos propone un significado único lo cual nos lleva también a aceptar que hemos heredado no solo su Palabra sino la vida y que esta la debemos usar sabiamente (chokmâh, חָכְמָה) para poder ser liberados y guiados, lo cual nos sirve para sabernos siempre a su lado.

Desde Jacob (יַעֲקֹב) gracias a las Sagradas Escrituras se nos ha enseñado como hijos que la tierra prometida no solo esta en Israel y en la ciudad santa de Jerusalén, sino en nosotros por lo que como creyentes nuestra verdadera morada no es terrenal ya que estamos llamados como nos lo indican nuestros patriarcas que se trata de ascender al cielo, para lo cual necesitamos de la Fe, esa que nos dejó nuestro Señor Jesucristo gracias a salvarnos y para lo cual el Espíritu Santo funge de guía si nosotros obedecemos lo que nos dice en esas Palabras allí plasmadas y que son nuestra verdadera y única herencia en pro de alcanzar la vida eterna.     

El Texto de Textos nos revela en Juan 14:2, “En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar”.

Oremos para aceptar la garantía de saber que tenemos una morada eterna celestial.

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