
Mi Kabbala – Tamuz 23 – Sábado 19 de julio del 2025
¿Ser?
El Texto de Textos nos revela en Oseas 5:15, “andaré y volveré a mi lugar, hasta que reconozcan su pecado y busquen mi rostro. En su angustia me buscarán”.
Uno de los cuestionamientos más comunes de los últimos tiempos tiene que ver con el concepto de “ser o no ser”. Pregunta esencial existencial frente a nuestra realidad humana. Reflexión que, nace quizá de las tensiones que se producen a diario y que enfrentan a nuestra voluntad con los deseos de un mundo que nos ofrece una compleja realidad, que no solo no concuerda con esas expectativas, sino que nos incita a preferir en ocasiones la muerte frente a una realidad que no nos ofrecen las mejores opciones a la hora de reconsiderar todo ese panorama existencial humano en donde nuestra alma (נֶפֶשׁ, nefesh) juega un rol trascendental.
Quienes profundizan aún más en estos cuestionamientos hablan del tzimtzum (צמצום) o replegamiento de la perfección absoluta, donde ya no tendremos estas disyuntivas, pero al que solo podemos acceder una vez superemos los aprendizajes y limitaciones que nos ofrece el tránsito por este mundo y nuestra mente humana. Decisión que implica coordinar nuestra voluntad con la suya para que, entendiendo los conocimientos del bien y el mal, podamos escoger esos senderos que nos alejen de la imperfección de nuestro mundo, guiándonos hacia la Luz plena de nuestro Creador, la cual solo podemos atender si nos acogemos a sus preceptos y a su Guía.
Dicho ocultamiento finito en el que nos encontramos, según algunos estudiosos, nos lleva de la no existencia hacia el infinito, donde nuestra verdadera existencia cobrará otro sentido. Esto hace que por ahora solo percibamos algunos destellos de dicha dimensión divina, la cual no reconocemos desde nuestro vacío existencial. Esta es una razón de peso para que nuestra limitada estructura no comprenda lo eterno y menos perciba todo el movimiento a su alrededor, reconociendo tan solo unos pequeños fragmentos de esta gran verdad (אֱמֶת, emeth) universal.
Se trata de comprender que nuestro concepto de vacío (הָ֫בֶל, hebel), nos propone esa otra realidad, plena, la cual ni siquiera podemos entender a través de nuestro lenguaje confuso y limitado por lo cual necesitamos acercarnos a través de Su palabra a Él, recreándonos en esta de tal forma que ella ilumine nuestro entendimiento, vinculándonos con ese amor como parte de nuestras interacciones para que las ilusiones y elucubraciones de nuestro ego no sean las que nos distraigan de dirección y nos quiten esa razón de ser que deben tener nuestras vivencias.
Quiza por ello debemos entender que nuestro ser es una especie de vasija que debe llenarse de Él, copa (כּוֹס, kos), que nos reitera esa nuestra esencia y propósito por lo que estamos llamados a llenar todos esos vacíos existenciales con la Luz de la Palabra del Creador, logrando que esta colme nuestras insatisfacciones ilusorias y le dé un nuevo sentido a nuestras vidas. Gracias al amor del Creador, encontraremos otro tipo de accionar, uno que nos permita fluir como seres que armónicamente coexisten y que sabiéndonos sus hijos entienden el para qué de todo lo que se vivencia en este plano terrenal.
El Texto de Textos nos revela en Romanos 11:36, “porque de El, por El y para El son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre”. Oremos para que todos nuestros vacíos sean llenados con la Luz del Creador.



