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Mi Kabbala – Tamuz 8 – Viernes 4 de julio del 2025

¿Contrariedades?

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 12:26, “El justo es guía para su prójimo, pero el camino de los impíos los extravía”.

La Biblia nos invita a ver en lo adverso o las pruebas, oportunidades de crecimiento y mejoramiento y no castigos. Sin embargo, regularmente esos llamados de atención que nos ofrecen nuestras vivencias las desdibujamos, convirtiéndoles en resentimientos que, aunque pudiéramos vislumbrar desde otra perspectiva, los disfrazamos de desmotivaciones y quejas (שִׂ֫יחַ, siach) que incluso nos alejan más del Creador, cuando lo que debemos hacer es encontrar en Él esa paz interior gracias a confiar plenamente en que Su guía armoniosa nos permitirá profundizar en la transformación de todo aquello que estando incluso en nuestras manos no leemos como un aprendizaje consciente.

En el alfabeto hebreo, la décimo octava letra es Tzadi (צ o ץ), signo que nos proyecta lo lateral, lo de al lado, lo cual algunos creyentes asocian también con el brazo o hasta con los adversarios, gracias a que una lectura más profunda de este ideograma, nos muestra el ancla, el anzuelo, el arpón, lo justo, lo lateral, trazado que puede interpretarse como una escultura con dos cabezas, formada por dos letras Yod que se enfrentan y que evocan dicha dualidad: lo andrógino. Revelación que llevada a los dos serafines que están cara a cara en el arca de la Alianza, nos dice que todo se complementa y articula, lógica que se entiende mejor desde el valor gematrico de 90: para צ y de 900 para ץ.

Cada chispa de luz divina nos manifiesta Su plan, el cual debemos atender, entender, conquistar (כּוֹבֵש, kovesh) lo que implica conocer y reconocernos como partes de Su obra, sus hijos, seres que se comunican directamente con Él gracias a esa palabra, la cual nos conduce por esta transición terrenal que como dimensión paralela nos llama a acceder voluntariamente a ese otro nivel de existencia y de consciencia, transformación que nos permite renacer hacia una existencia espiritual que implica nuestra evolución a través de una cadena de relaciones que incluso permitirán que más almas se integren a la Obra a través de nosotros mismos.

Nuestros signos lingüísticos son entonces esas señales que nos manifiestan los misterios celestiales, por lo que debemos aprender a interpretar estos para que nuestras expresiones sean acordes a esa visión divina, la cual nos permite entender este mundo y sus propósitos, los mismos que nos llaman a reencontramos con Él, actuando como esos seres justos, que pareciendo minoría: treinta y seis según el Texto Bíblico, nos permiten seguir su ejemplo caminando con paso firme hacia la eternidad (עַד, ad).

Al lograr asociar estos símbolos, creamos y nos recreamos en estas señales (אוֹת, oth) de vida, logrando con estas chispas de luz que nuestros imaginarios nos integren a Él a través de esta Su obra, lógica que nos permite transformar nuestras creencias oníricas esas en donde este sueño terrenal se entiende como lo que es: un espacio virtual de crecimiento integral que nos posibilita el realinearnos a través de nuestros instintos para escucharle más, retroalimentándonos de su Palabra la cual nos guía para que nuestra voluntad no dependa de la esclavitud del pecado sino que nuestras percepciones mal leídas como adversas nos permitan reconocernos como Sus hijos, hoy pródigos.

El Texto de Textos nos revela Judas 1:2, “misericordia y paz y amor os sean multiplicados”.

Oremos para que cada llamado de atención de Él sea atendido por nosotros.

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