
Mi Kabbala – Tishrei 1, 5786 – Martes 23 de septiembre del 2025
¿Inicio?
El Texto de Textos nos revela en Génesis 1:5, “y llamó el Creador a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día”.
Cada AMAnacer, el Creador nos regala un millar de nuevos instantes llenos de enseñanzas, los cuales regularmente despreciamos: desperdiciándolos y obviando que son oportunidades de crecimiento para acercarnos más a Él como fuente de luz y vida. Es necesario que esta secuencia de tiempo, que se suma día a día, nos recuerde en cada nuevo ciclo, Su plan. Quizá por ello, Tishrei (תִּשְׁרֵי), como nuevo mes y año del calendario, nos llama a buscar ese sentido trascendente, en el que cada instante, cada presente, contiene señales y revelaciones que nos permiten reconocernos como Sus hijos.
Cada signo lingüístico, como la letra, nos ilumina tras ese propósito divino de mostrarnos cómo retornar a Su lado y es allí en donde letras como yod nos revelan a través de palabras como yad (יד), mano, con su forma similar a un dedo meñique, que Él deja señales así algunos las omitían, lo cual nos llama a reconocer que hasta el más mínimo detalle o palabra de nuestra coexistencia tiene valor, de allí la necesidad de que ese fluir le dé a nuestras manos la posibilidad de construir una nueva realidad.
Festividades como el Rosh Hashaná nos invitan, por ello, más que a mirar hacia el futuro o a considerar el pasado; a revisar permanentemente en este Presente nuestra relación con el Creador, lo cual nos ayuda a aprender de nuestros errores y a mejorar, creando nuevos propósitos personales. El Año Nuevo es un espacio que va más allá de los rituales de limpieza espiritual, para ser un tiempo para priorizar la oración y la lectura de la Palabra como guía, sabiendo que el Espíritu Santo nos lleva a despertar, a dejar atrás nuestros pecados, vaciando (Tashlij, תשליך), y descartando todas esas impurezas que limpiamos con nuestra fuente agua viva: nuestro Señor Jesucristo.
Alejemos de rituales vacíos para atender Sus revelaciones, las mismas que como bendiciones siendo o no Rosh Hashaná, iluminan cual velas todo, alimentándonos del vino de su sangre y el pan (jalá) de su ser, impregnando así nuestras vivencias de su orientación trascendente la cual nos otorga ese crecimiento necesario para gozarnos ya no solo con las manzanas remojadas en miel del pecado sino en la esperanza de sabernos redimidos., perdonados, siendo guiados por Su Palabra, la misma que en sus 613 mandatos (Mitzvot, מצוה) nos aporta las semillas para nutrir nuestras intenciones con la dulzura de Su amor, coexistiendo conforme a Su plan de vida.
Los creyentes debemos entender que, gracias a la vibración de Su Palabra, esos signos lingüísticos nos orientan y guían hacia la corrección personal: Tikún (תיקון), logrando que nuestros egoísmos y alejamiento de lo divino se enmienden para que así quienes se ven afectados por nuestras acciones u omisiones reciban como nosotros de esa misericordia divina, retroalimentamos con las chispas de Su luz, permitiéndonos llegar al otoño de nuestras vidas renovados por sus nutrientes espirituales, los cuales nos incitan a no borrar con nuestras manos ni una pequeña jota de las enseñanzas de nuestro Salvador.
El Texto de Textos nos revela en II de Tesalonicense 3:1, “por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, 2 y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe”.
Oremos para que no obviemos nada de la Palabra del Creador.



