
Mi Kabbala – Tishrei 12, 5787 – Martes 22 de septiembre del 2026
¿Alma?
El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 4:29, “si desde allí buscas al Señor tu Creador con todo tu corazón y con toda tu alma, lo encontrarás”.
Coexistimos dentro de dimensiones físicas, mentales y espirituales que se complementan y a las cuales debemos integrarnos, haciéndonos conscientes de ese proceso de perfeccionamiento que enaltece nuestra alma que, como esencia divina nos fue otorgada por el mismo Creador, quien la alimenta con Su hálito de vida, reconectándola con Su propio Espíritu. Sin embargo, producto del pecado, hoy estamos esclavizados por las alucinaciones de nuestra mente, lo que implica que nuestra esencia (néfesh, נפש) se articule a través del viento (ru’ach, רוח) para darnos vida, siendo nuestra alma (neshamá, נשמה) la receptora de la vida que Él nos otorga.
El alma se nutre de Él como principio vital (néfesh), hálito de vida (rúaj, רוח) que en esencia (neshamá) hace que todo exista. Lo que nos llama a un ascenso armónico hacia Él en pro de alejarnos de esta realidad ilusoria que hoy domina nuestras interacciones. Lo que implica tener una mayor conciencia gracias a que estamos iluminando nuestro entendimiento con Su Palabra. Abriendo ese acceso espiritual a otras dimensiones que obviamos producto de vivenciar a través de imaginarios esta vida terrenal interpretando de forma equivocada todo generando así interrelaciones caóticas.
Las cinco dimensiones proyectadas por su Luz (Ohr, אור) de acuerdo con las sefirot, nos orientan hacia ese quinto mundo: Adam Qadmon, el primordial. En el cual alcanzamos nuestra trascendencia. De allí la importancia de alimentarnos de esa Luz divina (Mimalei Kol Olmin, עולמות) la cual llena nuestro vacío existencial producido por este nivel físico (Assiyah, עשיה) que estando dentro de un universo infinito nos proyecta alejados de Él. Razón de peso para que nos sumemos a ese encadenamiento progresivo celestial que nos lleva de lo oculto y misterioso, a un acercamiento voluntario, al Ein Sof.
Lo material y biológico; caído, también forma parte de ese Todo. Dentro de esta dimensión de la acción y la ilusión (Assiyah, עֲשִׂיָּה) todo nos confunde gracias a imaginarios disfrazados de deseos fragmentados y egoístas. Siendo necesario comprender conscientemente esa Unidad integradora que nos permitirá superar la muerte para nacer a la verdadera vida: la eterna. Trascendencia que nos articula con esas otras dimensiones gracias a un crecimiento integral y voluntario, donde el lenguaje limitado y finito actual, tiene un papel preponderante en pro de alinearnos con Èl. Se trata de reintegrarnos a través de esta Su obra, reconociendo así Su emanación (Atzilut).
Elías (אֵלִיָּהו, ēliyahū), como profeta, nos indica que aunque el pecado habita en nosotros en esta dimensión corporal caída y nuestra mente nos mantiene encadenados al mundo de la ficción, también cohabitamos en la dimensión espiritual, siendo nuestra esencia parte de esa vida eterna, dimensión Maljut, donde nos revestimos para darle a este recipiente (kli) corporal la posibilidad de percibir esas Sus manifestaciones, las cuales le dan sentido a lo vivido y percibido, llevándonos a superar aquellos niveles de inconsciencia, fruto de Su Luz, la cual nos guía en pro que nos reconozcamos desde nuestra esencia real.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 10:28, “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”.
Oremos para que nuestra alma consciente domine nuestras inconciencias.



