
Mi Kabbala – Tishrei 2, 5786 – Miércoles 24 de septiembre del 2025.
¿Tiempo?
El Texto de Textos nos revela en Genesis 1:14, “Dijo luego el Creador: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años”.
Cada signo lingüístico es un punto de Su Luz (אור) y fruto de la vibración de Su palabra, genera un fluir universal, energía, que como lenguaje, consolida una realidad imaginaria a través de la cual se articulan unos movimientos, secuencia temporal que gracias a nuestro libre albedrío hace que incluso no tengamos en cuenta Su voluntad, cocreando desde nuestras mentes una serie de interacciones e interrelaciones que nos proyectan una serie de alucinaciones que compartimos incluso como ideales cuando realmente nos descontextualizan de lo que es ser parte de Su obra, integrándonos con Él a través de todo lo que fue creado para que nos recreáramos en ello.
Ilusión a la que denominamos tiempo (cronos), la cual moldea nuestros conocimientos proyectándonos unas visiones en las que inconscientemente participamos, manteniendo nuestra alma prisionera de estas ideas, lo cual nos induce a su vez a reproducir una perspectiva terrenal que sumida en el tiempo (Kairos: Zman, זְמַן), nos lleva a obviar la eternidad, manteniéndonos en este punto o espacio terrenal que siendo parte del presente celestial nos llena de eventos de un pasado o expectativas de un futuro que son sus causas y sus efectos nos desalinean y desarticulan de lo creado.
La narración divina nos obvia por ello nuestros calendarios, solares de occidente o lunares judíos, pero si nos llama a ajustarnos a la eternidad de la creación que es la que nos puede ayudar a despertar de este corto sueño terrenal que nos aísla, tal como Él mismo lo demostró al hacerse humano y manifestarnos que nuestros ciclos temporales se reiteran hasta que nos liberemos de esa esclavitud mundana que como la de Egipto requiere de ser guiados por Él, proceso de arrepentimiento (Aseret Iemei Teshuva, עשרת ימי תשובה) que rectifica el camino de retorno a nuestra morada celestial.
Somos atemporales, pero nuestras cuentas globales llenas de especulaciones no nos permiten entender que la muerte es el punto final de coincidencia con lo eterno. Así que, creamos o no en el Juicio que ella implica, debemos visualizarnos como creyentes en ese Shabat universal. Milenio (Guemar HaTikún, גמר), en el que salimos del sueño en el que caímos y que nos aferra a una secuencia que nos hace experimentar otro tipo de realidad, una egoísta y pecadora que se opone a Sus amorosos propósitos y a Su plan, por lo que es el momento de dejar de distraernos con tantas alucinaciones.
Cada instante terrenal nos genera una oportunidad de sabernos hermanos (יהודים, Yehudim), propuesta que nos coloca frente a esa línea o suma de puntos hacia esa eternidad, ya que nos permite aprender a través del amor con todo lo que en este mundo se nos ofrece, integrarnos permanentemente a Él a través de esta Su obra, proceso diario en el que naceremos de nuevo ante la muerte y despertaremos a esa realidad eterna, en donde proliferará la armonía con el todo, amor hacia nosotros mismos, hacia esos hermanos y sobre todo, hacia el Creador quien nos propone, compartir, aislándonos pero de esas alucinaciones egoístas, en pro de disfrutar de Su verdad plena y eterna.
El Texto de Textos nos revela en II de Pedro 3:8, “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.
Oremos para que nuestros tiempos coincidan con los propósitos del Creador.



