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Mi Kabbala – Tishrei 30, 5786 – Miércoles 22 de octubre del 2024

¿Traducciones?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 40:8, “Secase la hierba, marchitase la flor; mas la palabra del Creador nuestro permanece para siempre”.

La Torá (תּוֹרָה): enseñanza, nos guía a través de Sus preceptos, por lo que debemos visionar Su Palabra como sagrada, dándole a cada signo lingüístico la importancia que tiene, revelaciones que contienen en esas chispas de Luz, los insumos para superar los retos que nos plantea nuestro mundo lingüístico a través del cual tenemos la posibilidad de recrearnos en Su obra por lo que cada signo nos debe inspirar para acercarnos más a Él, oración que ilumina nuestro oscuro entendimiento para que dejemos de pensar egoístamente y coloquemos nuestros dones al servicio del bienestar general.

Todas lo allí expresado nos denota los resultados de quienes no buscaron esa verdad, lo que nos recuerda que no son significados ocultos más si profundos sobre la vida, secretos (רזים, razim) a voces que  se nos revelan en la medida que atendemos dichos textos en pro de nuestra salvación la cual es encarnada por nuestro redentor y Señor Jesucristo, quien se humanó para rescatarnos, llenándonos de Su misericordia, fe que nos aleja de la dimensión de la ilusión y el engaño, de allí la importancia del principal mandamiento de amarnos unos a otros.

El lenguaje figurado de la Escritura solo respeta nuestro libre albedrio por lo cual describe el cómo integrarnos con el Creador a través de Su obra, corrección individual que no solo se logra mediante buenas acciones, sino a través de la Fe, la cual permite que nuestra alma se reconecte con Su Espíritu, proceso de ascenso que se realiza con los dones que se nos han otorgado, los cuales debemos poner al servicio de los demás, acercarnos así a ese deseo espiritual de Tikún, que nos permite aislarnos de esa lógica mundana pecaminosa (jattáʼth, חטא), que magnifica y prolonga nuestros errores.

La iluminación de nuestro entendimiento nos llama, como Abel (הבל, Habel: “soplo” o “frágil”) a comprender que Su Palabra es Luz, de lo contrario, nuestras ilusiones y los lenguajes que las sustentan solo nos llenarán de desconfianza, manteniéndonos en el caos terrenal, pese a nuestros anhelos de bienestar, por ende es crucial mantenernos fieles a esa Palabra, la misma que traducida en diferentes contextos históricos y culturales, siempre conserva su esencia original, más son nuestras interpretaciones las que no siempre logran captar todas las revelaciones allí plasmadas, mensajes que quizá no concuerdan con esas perspectivas sesgadas que visionamos como ideales.

Atender a las revelaciones del Creador y Sus manifestaciones implica reconocer que Él nos alienta y nutre. Él es nuestro Ein Sof (אין סוף, Infinito), en quien reside nuestra plenitud y nuestra identidad como hijos suyos y que este proceso de vida es un camino de crecimiento hacia esa trascendencia, por lo tanto, nuestra tarea diaria es alcanzar, a través de Su Palabra, esa coherencia de vida que guiada por el Espíritu Santo, traduce coherentemente esos mensajes divinos para que sean nuestra luz, de allí que nuestras acciones, acompañadas de oraciones, redundaran en cumplir ese objetivo transformador.

El Texto de Textos nos revela en II de Timoteo 3:16, “Toda la Escritura es inspirada por el Creador, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.

Oremos para que la Palabra del Creador guie nuestras vidas y retroalimente nuestras diarias búsquedas.

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