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Mi Parashá – Génesis 10:24

La genealogía de los descendientes de Shem llega ahora a una línea trascendental en nuestra historia, que se relaciona con Éber, el padre de los hebreos o del pueblo judío. No debemos perder de vista que Arfaxad (אַרְפַּכְשַׁד), “Arpachshad”, cuyo valor es 605, como eslabón de esta genealogía, nos habla de sanación, curación o reparación, como una invitación a corregir esos aspectos de nuestras vidas para alcanzar un verdadero crecimiento espiritual.

Este mensaje de curación queda como legado para Sélaj (שָׁלַח), “Shelaj”, cuyo valor es 338, quien debe “enviar” o “despachar” ese mensaje. Así, sus acciones ejemplares inician el proceso de poner esa misión en movimiento, lo que nos lleva a comprender que debemos tomar la iniciativa de la transformación espiritual en nuestros entornos, avanzando en nuestros caminos espirituales.

De esta forma, llegamos a Éber (עֵבֶר), cuyo valor es 272, quien simboliza la conexión con lo trascendente y la idea de cruzar fronteras o límites. Esto nos permite alcanzar una comprensión más profunda de lo que significa trascender, entendiendo que las limitaciones terrenales y la formación que nos brindan son una parte fundamental del plan redentor para lograr una conexión más cercana con lo divino.

Así como Arfaxad representa la curación y la reparación, recordándonos que debemos sanar el pecado original a través de nuestras acciones y fe en Él, Sélaj nos da la idea de iniciar esos procesos de manera voluntaria, poniéndonos en marcha diariamente hacia nuestra morada celestial, con el fin de alcanzar el objetivo de crecer al superar nuestras metas terrenales. Por lo tanto, Éber, como símbolo de trascendencia, nos da la confianza de que tenemos la capacidad de cruzar esa frontera que nos ofrece la muerte, la cual nos permite profundizar en nuestra conexión con lo divino.

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