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Mi Parashá – Génesis 11:21

Reú vivió doscientos siete años (matayim shiv’ah shanah) después de engendrar a Serug, lo que sugiere que tuvo tiempo suficiente para guiar a su descendencia y asegurarse de que el conocimiento divino fuera transmitido correctamente. “מָאתַיִם שִׁבְעָה שָׁנָה” (Matayim shiv’ah shanah) tiene un valor gemátrico de 752 (מ=40, א=1, ת=400, י=10, ם=40, ש=300, ב=2, ע=70, ה=5, נ=50, ה=5), lo que refleja el tiempo prolongado que Reú vivió después de engendrar a Serug, sugiriendo un periodo significativo de estabilidad y expansión.

El número 34, asociado con vayechi (vivió), nos recuerda que la vida de Reú fue más que una mera existencia; fue una vida de misión espiritual. Nos enseña que vivir implica cumplir con un propósito, y Reú, a través de sus años adicionales, pudo asegurarse de que sus hijos e hijas continuaran con el legado espiritual que había recibido de sus antecesores.

El nombre Reú (276) refuerza la idea de continuidad espiritual. Cada generación es responsable de preservar y expandir la sabiduría y la conexión con lo divino, y Reú desempeñó un papel clave en esta cadena. El hecho de que Reú engendrara a Serug a los treinta y dos años, y luego viviera doscientos siete años más, indica que su vida estuvo marcada por la estabilidad y el crecimiento espiritual.

Nuestra vida tiene una misión, y al igual que Reú, tenemos la responsabilidad de transmitir el conocimiento y la sabiduría que hemos recibido a las futuras generaciones, asegurando que la luz divina continúe brillando y guiando a la humanidad hacia su crecimiento y evolución espiritual.

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