
Mi Parashá – Génesis 11:3
A veces describimos nuestra vida como un esfuerzo por construir algo perdurable y poderoso, quizás por eso ese intento de hacer ladrillos y sustituir la piedra, que en el fondo es símbolo de la creación divina, nos llama a entender que ese esfuerzo por lograr independencia de lo divino es equivocado y que nos puede llevar al fracaso si no se corrige.
Las construcciones humanas, aunque útiles, son temporales y, por lógica, no comparables a lo eterno. Quizás por ello comprendemos que es sobre la roca donde se construye un verdadero hogar, edificio o iglesia. Así como usamos el fuego para endurecer los ladrillos, necesitamos ser purificados. Tal vez por eso el concepto de betún nos recuerda nuestra fragilidad y la necesidad de no perder de vista que nos debemos a lo divino.
Debemos alinear nuestros esfuerzos materiales humanos con los propósitos divinos, para que nuestras construcciones, de cualquier tipo, tengan verdadera estabilidad y durabilidad. Esto significa depender únicamente de la guía del Creador, para que nuestras manos busquen esa base firme, denotando que nuestros conocimientos deben nutrirse de la sabiduría divina.
Esto no quiere decir que no podamos usar las herramientas y recursos disponibles en el mundo material, pero la clave está en cómo ajustamos todos nuestros esfuerzos a nuestro propósito espiritual. Quizás por ello el término “hagamos ladrillos” (הָבָה נִלְבְּנָה לְבֵנִים – Hava nilbenah levenim), gracias a la palabra “לְבֵנִים” (ladrillos), con un valor de 132 (ל=30, ב=2, נ=50, י=10, ם=40), nos indica que toda construcción humana debe propender por unirnos en pro de edificar nuestro bienestar general, para que algo perdure.
Todo esfuerzo debe endurecernos gracias al fuego, “וְנִשְׂרְפָה לִשְׂרֵפָה” (Venisrefah lisrefah), expresión que nos permite entender mejor que la vida nos llama a diario a una transformación, a nuestra purificación. Por ello, el acto de “endurecer” los ladrillos mediante el fuego sugiere un intento de consolidar o fortalecer algo meramente material, pero da paso al deseo de reintegrarnos al Creador, en lugar de promover la permanencia en el mundo terrenal.
El fuego, como agente purificador, puede convertir lo mundano en algo más espiritual si el propósito es elevado. Por eso decir que el ladrillo sirvió como piedra, “וַתְּהִי לָהֶם הַלְּבֵנָה לְאָבֶן” (Vatehi lahem halvenah le’aven), gracias a la palabra “אָבֶן” (piedra), con un valor gemátrico de 53 (א=1, ב=2, נ=50), nos lleva a buscar algo sólido y duradero, relacionado con la creación y lo divino.
El hecho de que el ladrillo reemplace a la piedra puede verse como un simbolismo de la naturaleza humana intentando reemplazar lo divino con construcciones humanas. Así, se nos advierte sobre el peligro de confiar únicamente en lo hecho por el hombre, en lugar de depender de lo que es eterno y espiritual.
Por esto, el concepto de betún que sirvió como mezcla, “הַחֵמָר הָיָה לָהֶם לַחֹמֶר” (Vehachemar hayah lahem lachomer), gracias al concepto de “חֵמָר” (betún), con un valor gemátrico de 248 (ח=8, מ=40, ר=200), refiriéndose a los miembros del cuerpo según la tradición judía, nos recuerda que esta mezcla simboliza los esfuerzos materiales y humanos por mantener la cohesión de las estructuras. A la vez, nos alerta que la verdadera unidad solo puede lograrse cuando estas construcciones están guiadas por lo divino.
Nunca perdamos de vista que todo lo material nos habla de alguna forma de lo espiritual, pese a que en ocasiones no queremos entender ello, por ello, el ladrillo (לְבֵנָה, levená) y la paja (תֶּבֶן, teven) no solo son objetos físicos, sino símbolos profundos del exilio espiritual, de la desconexión divina y de la distorsión del propósito humano.
Tanto en la Torre de Babel como en la esclavitud en Egipto, el ladrillo y la paja representan un patrón común: el uso forzado de la energía humana para construir una realidad que no refleja la voluntad divina.
El uso del ladrillo en lugar de piedra natural como debe ser, representa una sustitución de lo auténtico por lo artificial, en términos cabalísticos, es el símbolo de Binyan Shelo BeShem Shamayim – construir no en nombre del cielo, sino del ego humano.
Más adelante se puede estudiar como en Egipto, el ladrillo también aparece, pero ahora como herramienta de esclavitud. La paja era el material necesario para unir el barro y formar ladrillos, pero Faraón la retira, obligando al pueblo a trabajar más por menos. Esto simboliza trabajo sin propósito, una de las formas más intensas de oscuridad espiritual según la cábala.
Ladrillo (לבנה): La raíz ל.ב.נ está relacionada con la palabra levaná (luna), que representa reflejo, luz indirecta, forma sin esencia propia. En forma distorsionada, el ladrillo es símbolo de la realidad fabricada sin luz propia, construcciones sin alma. La torre de Babel se construyó con ladrillos, no con piedras naturales (que simbolizan verdad y fundamento divino). Esto representa una creación sin divinidad, puro intelecto o poder humano separado del Creador.
Paja (תבן): Paja es lo que queda tras separar el grano útil. En el lenguaje de los sabios, es el klipá – la cáscara, lo externo. Representa lo que envuelve y oculta la luz, el exceso, la desconexión de la esencia. En Egipto, tener que recoger paja y hacer ladrillos significa vivir en una realidad donde uno debe crear sentido a partir de lo inútil, lo fragmentado.
Egipto (Mitzraim) como estado mental, nos habla al igual que Babel de un estado espiritual: en este caso de estrechez, de limitación (Mitzraim, מִצְרַיִם) ya que esta palabra viene de esa raíz metzar. En este estado, el alma está atrapada en un sistema de trabajo sin propósito, donde se le exige producir “ladrillos” que no conducen a ninguna tarea elevada. Este es el arquetipo del galut ha-sejel – exilio del intelecto, o mente atrapada en la materialidad.
Según la cábala: Construir con piedras naturales = usar las cualidades propias (divinamente dadas) en armonía con la luz superior.
Construir con ladrillos hechos por uno mismo = desconectar el “yo” del propósito divino. Es la arrogancia del hombre que dice: “yo construyo mi mundo sin Dios”.
Ladrillo + paja = símbolo del ego, de las estructuras sin alma, de las tareas que producen agotamiento pero no elevación.
Según algunos cabalistas, incluso el ladrillo puede ser redimido: Cuando uno toma su “trabajo forzado” (exilio, rutina, lucha interior) y lo consagra, puede elevar incluso la estructura más artificial. El Tikún (corrección) consiste en transformar el ladrillo (el exilio) en piedra (fundamento espiritual).
La cábala ve el ladrillo y la paja como símbolos del exilio interior: estructuras de vida fabricadas desde el ego, desconectadas del flujo divino. Pero también son llamados al despertar: nos invitan a reconocer cuándo estamos atrapados en rutinas sin alma, para buscar una vida con propósito, construida con “piedras” que reflejen la luz superior.



