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Mi Parashá – Génesis 11:31

El verbo tomar (וַיִּקַּח, Vayikach), cuyo valor gemátrico es 138 (ו=6, י=10, ק=100, ח=8), se interpreta aquí como una decisión activa, una acción consciente de dirigir o guiar a su familia hacia un nuevo destino, crucial para una evolución espiritual en medio de una transición hacia un nuevo comienzo.

No debemos perder de vista que Taré (תֶּרַח), con un valor gemátrico de 608 (ת=400, ר=200, ח=8), representa una figura de transición entre el politeísmo de Ur y el monoteísmo de Abram. Aunque Taré no completó el viaje hacia Canaán, dio el primer paso en este proceso, mostrando su papel en la iniciación del cambio espiritual.

El territorio de Canaán (כְּנַעַן, Kenaan), con un valor gemátrico de 190 (כ=20, נ=50, ע=70, ן=50), como tierra prometida, es un símbolo del destino espiritual de la humanidad. La decisión de Abram de dirigirse a Canaán no es solo geográfica, sino espiritual, ya que ese espacio representa el lugar donde el pacto entre el Creador y él se manifestará.

El número 190 está asociado con la idea de una “nueva morada”, un lugar donde las promesas divinas se harán realidad. Jarán (חָרָן), con un valor gemátrico de 258 (ח=8, ר=200, נ=50), es el lugar donde Taré y su familia se asentaron temporalmente. Este nombre está asociado con un estado de transición, un lugar intermedio donde la misión aún no se ha completado, pero que forma parte del viaje espiritual.

La decisión de Abram de dejar Ur de los caldeos y dirigirse hacia la tierra de Canaán simboliza un proceso de liberación de viejas creencias y un paso hacia una nueva vida espiritual. Es una decisión consciente de alejarse del politeísmo y buscar un nuevo destino espiritual en busca de crecimiento, por lo que el acto de “tomar” a la familia para salir de Ur simboliza la voluntad de buscar una mayor conexión con lo divino.

El viaje de la familia de Taré desde Ur de los caldeos hacia Canaán, la tierra prometida, no es solo físico, sino profundamente espiritual. Simboliza el comienzo de la transformación de Abram, quien más tarde será conocido como Abraham, el padre del monoteísmo.

Nuestro viaje espiritual es un proceso que puede incluir paradas y momentos de pausa, como el asentamiento temporal en Harán. Cada etapa del viaje, incluyendo las pausas, tiene un propósito y un significado. Cada paso nos prepara para la siguiente etapa, y aunque aún no hayamos alcanzado nuestro destino final, cada paso es esencial para nuestro crecimiento espiritual.

Génesis 11 es un capítulo denso y simbólico, fundamental en la narrativa bíblica. Trata dos grandes temas: la Torre de Babel (versículos 1-9) y la genealogía de Sem hasta Abram (versículos 10-32). Desde la perspectiva de la Kabaláh y la guematría, este capítulo no solo narra eventos históricos o mitológicos, sino que revela principios espirituales profundos sobre la unidad, el lenguaje, la fragmentación y la misión del alma.

Versículos 1-9: Relato de la Torre de Babel.

Toda la humanidad hablaba un solo idioma.

Construyen una ciudad y una torre para “hacerse un nombre”.

Dios confunde su lenguaje y los dispersa por la tierra.

Versículos 10-32: Genealogía de Sem hasta Abram.

Se traza el linaje postdiluviano, indicando una conexión espiritual que lleva a Abraham, el padre del monoteísmo.

Interpretación Espiritual de Babel

Unidad mal canalizada. En la Kabaláh, la unidad es poderosa, pero debe orientarse hacia el Creador. En Babel, la humanidad estaba unida, pero no para elevarse espiritualmente, sino para alcanzar el cielo por orgullo (“hacerse un nombre”).

Según los sabios, esta unidad era una klipá (cáscara) de la verdadera unidad: una forma falsa que oculta la luz.

Confusión de lenguas como corrección

El acto de confundir las lenguas no es un castigo, sino una tikún (corrección). El lenguaje en Kabaláh simboliza las fuerzas creativas del alma. Al diversificarlos, se separan las energías para evitar una corrupción colectiva.

El lenguaje único se asocia con el Nombre de Dios; al perderlo, se pierde el acceso directo a esa unidad divina.

Caída de Daat (conocimiento espiritual). Babel representa el mal uso de Daat, el conocimiento interior que conecta a Biná (entendimiento) con Jesed (misericordia).

En vez de expandir la conciencia espiritual, se intentó construir una estructura externa (torre) sin sustancia interior.

בבל (Babel) es בבל (bet, bet, lamed) = 2 + 2 + 30 = 34, en guematría se relaciona con palabras como אבל (avel) = “luto” o “dolor”, indicando confusión, pérdida.

También, 34 es la suma de “ד” (4) y “ל” (30), letras asociadas con Dalet (puerta) y Lamed (enseñanza). Babel es una puerta hacia una enseñanza por el exilio.

Shem (שם) = Nombre. “Hacerse un nombre” = לעשות לנו שם. “Shem” = שם = 300 + 40 = 340 también es el valor de סולם (sulam) = “escalera” (como en el sueño de Jacob), lo cual sugiere que hay dos caminos para llegar al cielo: uno interior (sulam) y uno exterior (torre).

Babel elige el camino exterior, la torre; Abram elegirá el camino interior, la escalera espiritual.

La genealogía desde Sem hasta Abram representa el paso del caos (Babel) al orden espiritual (Abram).

Cada generación refina una cualidad espiritual, hasta que Abram está listo para recibir la revelación.

El nombre Abram (אברם) significa “padre exaltado”, y cuando se transforma en Abraham (אברהם), recibe la “ה” (hei), la letra del aliento divino, la conexión con lo divino.

La historia de Babel no es solo sobre idiomas, sino sobre el mal uso de la unidad y el poder del lenguaje. La diversidad que surge después es necesaria para que cada pueblo refine una chispa de la luz divina dispersa. La genealogía que sigue muestra cómo, de entre todas esas chispas dispersas, surge una línea (Sem → Abram) que está lista para comenzar la tikún global, el proceso de reunificación consciente bajo la guía de la luz del Creador.

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