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Mi Parashá – Génesis 12:1

El llamado del Creador a Abram es más que un mandato físico, es un desafío espiritual, cuyo eco nos habla a todos los creyentes para que dejemos atrás esas costumbres paganas que nos han consolidado en los lugares donde habitamos. Con ellas, los apegos revestidos de creencias nos influyen negativamente, por lo que debemos darnos la oportunidad de viajar, junto con nuestro entorno familiar, hacia la tierra prometida a Su lado.

El término “vete”, לֶךְ-לְךָ (Lej-lejá), tiene un valor gemátrico de 100 (ל = 30, ך = 20, ל = 30, ך = 20), y como expresión contiene ese llamado espiritual que marca el inicio de un viaje hacia el autodescubrimiento. El número 100 está asociado con la totalidad y la completitud, por lo que el viaje a emprender, aunque contiene elementos físicos, realmente conlleva un propósito divino para explorar nuestro verdadero destino a Su lado.

Durante nuestro proceso terrenal, todos debemos emprender ese viaje diario para conectarnos con nuestra esencia espiritual. Por ello, dejar la tierra, ese lugar del primer nacimiento, y la casa de nuestros ancestros, simboliza la necesidad de romper con las limitaciones terrenales y las influencias que nos definen desde el exterior. Es un proceso de liberación, transformación y evolución espiritual que nos debe permitir alcanzar nuestro verdadero potencial.

La expresión “de tu tierra”, מֵאַרְצְךָ (Me’artzejá), con un valor gemátrico de 331 (מ = 40, א = 1, ר = 200, צ = 90, ך = 20), nos llama a alejarnos de los apegos terrenales, físicos y emocionales, para poder alcanzar una mayor conexión con lo divino. Se trata de una liberación de las limitaciones materiales que impiden el crecimiento espiritual. Esta expresión se complementa con “de tu lugar de nacimiento”, וּמִמּוֹלַדְתְּךָ (Umimoladetjá), con un valor gemátrico de 546 (ו = 6, מ = 40, מ = 40, ו = 6, ל = 30, ד = 4, ת = 400, ך = 20), que nos llama a revisar esas creencias, costumbres y limitaciones heredadas, y a transformarnos superando nuestras raíces para alcanzar un mayor entendimiento y conexión espiritual.

La casa de nuestros padres, וּמִבֵּית אָבִיךָ (Umibeit avijá), con un valor gemátrico de 464 (ו = 6, מ = 40, ב = 2, י = 10, ת = 400, א = 1, ב = 2, י = 10, ך = 20), representa las influencias familiares y ancestrales que moldean nuestra identidad, y de las que debemos liberarnos debido a las limitaciones impuestas por ese pasado que nos ata y no nos permite encontrar un propósito y destino más elevados.

Por ello, la promesa de la “tierra que te mostraré” contiene la invitación a que actuemos con fe, ya que no conocemos el destino exacto. La incertidumbre del viaje espiritual nos acompañará, pero אֶל-הָאָרֶץ אֲשֶׁר אַרְאֶךָּ (El-ha’aretz asher ar’eka), con El-ha’aretz (אֶל-הָאָרֶץ) teniendo un valor gemátrico de 296 (א = 1, ל = 30, ה = 5, א = 1, ר = 200, ץ = 90) y asher ar’eka (אֲשֶׁר אַרְאֶךָּ) con un valor de 507 (א = 1, ש = 300, ר = 200, א = 1, ך = 20), se entiende como una promesa que proyecta ese viaje espiritual hacia Él, quien se revelará gradualmente a medida que nos acerquemos, alcanzando ese crecimiento espiritual a través de la fe.

Al reflexionar sobre nuestro propio viaje espiritual, al igual que Abram, debemos enfrentarnos a momentos en los que dejamos atrás lo familiar y lo seguro para buscar un propósito más elevado. Aunque esta transición pueda parecer difícil, es esencial para nuestro crecimiento espiritual. Debemos estar dispuestos a romper con nuestras limitaciones y confiar en el proceso de revelación divina para descubrir nuestra verdadera misión en la vida.

La Cábala enseña que cada alma nace en un entorno específico para aprender algo pero no está destinada a permanecer prisionera de ese contexto. El llamado de Dios a Abraham representa el despertar espiritual que nos invita a salir del exilio del ego, del condicionamiento, del pasado y del karma familiar.

Por ello nos habla de Tres niveles de salida: “De tu tierra” (me’artz’já) – salir del entorno físico, del país, del sistema. “De tu nacimiento” (mimoladt’já) – salir de la programación emocional, del entorno cultural. Y “De la casa de tu padre” (mibéit avíjá) – salir de los patrones familiares, del legado del linaje.

En Cábala, estos tres pasos corresponden a dejar las klipot (capas de ego) que envuelven el alma.

לֶךְ־לְךָ – Lej lejá (“Vete para ti”): לֶךְ (lech) = 30 + 20 = 50, לְךָ (lejá) = 30 + 20 = 50, Total: 100 = valor de מִיכָאֵל – Miguel, el ángel protector que guía el viaje de las almas. Esto implica que la orden de irse viene con protección celestial, aunque implique riesgo y ruptura.

מִמּוֹלַדְתְּךָ – mimolad’tja (“de tu nacimiento”). Gematría: מ (40) + מ (40) + ו (6) + ל (30) + ד (4) + ת (400) + ך (20) = 540 = valor de: יָשָׁר אֵל – Yashar El (“Directo a Dios”). También se relaciona con la palabra “שריפה” – srefa (quema): al irse, Abraham quema puentes con su pasado.

¿Qué nos enseña hoy este mandato?

Espiritualmente: tu lugar de nacimiento es tu punto de partida, no tu destino.

En Cábala, el alma elige nacer en una familia, país y cultura para aprender ciertas lecciones. Pero la evolución exige trascenderlo.

Abraham simboliza el alma despierta que está dispuesta a romper con la comodidad de lo conocido para buscar su verdad más elevada.

¿Qué parte de tu “país interior”, de tu “familia emocional” necesitas abandonar para ir hacia tu propósito de alma?

¿Cuándo dejar tu “lugar de origen”?

Cuando tu entorno limita tu expansión de conciencia.

Cuando los patrones familiares contradicen tu verdad espiritual.

Cuando tu lugar de nacimiento espiritual (no solo físico) ya no sostiene tu crecimiento.

El viaje de Abraham es el arquetipo del despertar, y “Lej lejá” no solo es una orden: es una invitación divina a cada alma a encontrar su Tierra Prometida.

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