
Mi Parashà – Gènesis 12:4
Entender el viaje de Abram como el nuestro en este proceso terrenal nos lleva a atender esa analogía en la que nuestro destino final es un escenario espiritual que nos llama a salir de “Harán” (חָרָן), que, como lugar físico, nos evoca la idea de muerte, para asumir cambios que nos alejen de esos viejos patrones, con sus hábitos y limitaciones, que nos atan a un plano que representa solo un proceso de transición.
La palabra Harán, con un valor gemátrico de 258 (ח = 8, ר = 200, נ = 50), también nos habla de “calor” o “ira”, lo que indica que debemos superar esta etapa de pruebas difíciles para poder acercarnos más al Creador y alcanzar la tierra prometida. Por ello, es indispensable la obediencia al Creador (ka’asher diber elav Adonai), un crecimiento espiritual que comienza con la disposición de seguir el mandato divino sin dudar.
Abram tenía setenta y cinco años cuando dejó Harán. Este número, al desglosarse en 7 y 5, nos habla tanto de la plenitud en el mundo material (siete días de la creación, siete sefirot inferiores en el Árbol de la Vida) como de esa “quinta dimensión” o cinco niveles del alma, en donde alcanzamos el punto de equilibrio y madurez espiritual para emprender nuestra misión.
Este viaje de obediencia al mandato divino debe inspirar a nuestros familiares y quienes nos acompañan. Quizá por eso el concepto de “y partió”, וילך (Vayelekh), con un valor gemátrico de 66 (ו = 6, י = 10, ל = 30, ך = 20), refuerza la idea de movernos hacia adelante, de avanzar en el camino espiritual.
El nombre אברם (Avram – Abram), tiene un valor gemátrico de 243 (א = 1, ב = 2, ר = 200, מ = 40). Sin embargo, el cambio de nombre a Abraham simboliza no solo una expansión espiritual, sino también la misión de todos los seres humanos de mirar hacia ese “padre elevado”, el poder inicial de nuestra misión de alcanzar su promesa a través de la fe.
La edad de setenta y cinco años, expresada como בן חמש שנים ושבעים שנה (Ben chamesh shanim veshivim shanah), con un valor gemátrico de 708 (בן = 52, חמש = 348, שנים = 400, ושבעים = 380, שנה = 60), refleja la madurez y el compromiso de Abram al aceptar su misión divina, demostrando que la edad no es una barrera para el crecimiento espiritual.
Esta perspectiva nos llama a lograr un cambio que nos acerque a un avance espiritual. Al igual que Abram, debemos abandonar nuestras zonas de confort o lo que conocemos como estabilidad para responder al llamado de algo más grande, aunque no sepamos exactamente a dónde nos llevará ese camino. La partida simboliza esos momentos en los que tomamos decisiones conscientes de avanzar hacia un nivel más alto de comprensión y conexión espiritual.
La presencia de Lot en el viaje simboliza que, en nuestro camino, podemos llevar con nosotros a otros, como familiares o allegados, que pueden beneficiarse de nuestro crecimiento. Sin embargo, también puede simbolizar retos, ya que la relación entre Abram y Lot enfrentará desafíos más adelante.



