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Mi Parashá – Génesis 13:11

La elección de Lot de la llanura del Jordán simboliza una inclinación hacia el materialismo y lo inmediato. Además, el hecho de que “partiera hacia el este” (מִקֶּ֖דֶם, mikedem) reconfirma su alejamiento de la fuente espiritual. No debemos perder de vista que, cuando se nos habló del principio de la creación, se usó esa expresión, kedem, no solo para denotar algo “antiguo”, sino también “primordial”. Así, Lot se movió en una dirección contraria a su crecimiento espiritual.

Al analizar con mayor profundidad las palabras “Lot” (ל֣וֹט), cuyo valor numérico es 45, y “llanura” (כָּל־כִּכַּ֤ר, kol kikar), cuyo valor es 370, podemos inferir la naturaleza de nuestras decisiones. En el caso de Lot, al tener un valor numérico más alto “toda la llanura” en comparación con “Lot”, se refleja ese desequilibrio entre lo que está persiguiendo (riqueza material) y su identidad espiritual.

Este enfoque en lo material nos aleja de nuestra verdadera esencia. Desde esa perspectiva, Abram y Lot representan dos caminos aparentemente distintos, pero que nos llaman a mantener el equilibrio entre las enseñanzas del patriarca espiritual, que nos habla de una conexión más profunda con el Creador, y las decisiones egoístas y cotidianas de Lot, quien elige la llanura fértil en busca de ventajas materiales.

La separación, que a menudo parece la mejor opción en este mundo (vayipardu ish me’al achiv), simplemente refleja una división entre nuestras prioridades espirituales y materiales. El verbo “escoger” (וַיִּבְחַר, vayivchar), con un valor numérico de 320, sugiere que la elección de Lot fue deliberada, llevándolo a un terreno peligroso espiritualmente, a pesar de la promesa material que vio ante sí.

Esta enseñanza nos invita a reflexionar sobre nuestras decisiones, ya que contienen implicaciones espirituales. Aunque temporalmente parezcan favorables, a nivel eterno nos alejan del camino y de la guía espiritual, lo que nos desconecta de nosotros mismos y genera una tensión interna constante, un indicador de que no estamos actuando con coherencia.

Cuando uno se enfoca en lo material, inevitablemente pierde parte de su conexión con lo divino, lo que provoca desequilibrios en la vida. Por ello, en un mundo que nos llama a buscar lo fácil y lo aparentemente próspero e inmediato, nuestras elecciones deben considerar los efectos trascendentes de las mismas.

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