
Mi Parashà – Gènesis 13:13
Sodoma no representa únicamente una ciudad corrupta físicamente, sino un estado espiritual en el que prevalecen el egoísmo y la desconexión de lo divino. Por ello, esa breve descripción que menciona a los “hombres de Sodoma” (anshei Sedom) nos reitera la presencia de fuerzas destructivas que se oponen a la armonía y la bondad inherentes al Creador.
El pecado de Sodoma es mucho más profundo que las acciones externas descritas, ya que refleja un estado interior de desconexión espiritual. En este estado, los valores de comunidad, misericordia y justicia no parecen encontrar lugar en nuestra convivencia. Así, la maldad de Sodoma se centra en su rechazo al concepto de Jésed (bondad y misericordia) del Creador.
Mientras que Abram representa un canal de gracia y generosidad, los habitantes de Sodoma encarnan el polo opuesto: el juicio severo y el egoísmo extremo. Al observar las palabras clave del versículo en términos de gematría, podemos entender mejor la profundidad de Sodoma. סְדֹ֔ם (Sedom), con un valor de 104, רָעִ֖ים (ra’im), o “perversos”, con un valor de 320, y חַטָּאִ֑ים (chata’im), o “pecadores”, con un valor de 529, nos muestran cómo esas energías influyen profundamente en nuestras estructuras sociales y morales.
Este estado de completo alejamiento del Creador, que se manifiesta en el pecado y la maldad de Sodoma, no puede leerse como hechos aislados. Afecta tanto a las personas como a la comunidad, y es necesario atender esta advertencia sobre los peligros de la desconexión espiritual. Nuestros comportamientos y nuestra cultura, al distanciarse de virtudes fundamentales como la bondad, la hospitalidad y la justicia, reproducen la ausencia del fluir divino en nuestras vidas.
La descripción de los hombres de Sodoma como “perversos” y “grandes pecadores” enfatiza que esta corrupción no solo afectaba sus acciones, sino también su relación con el Creador. Esto nos invita a reflexionar sobre las fuerzas internas que nos alejan de la bondad y la justicia, conduciéndonos al extremo del egoísmo y exponiéndonos a los peligros de permitir que las energías corruptas del mundo influyan en nuestras decisiones y vida espiritual.
No podemos olvidar que en algunos lugares la energía espiritual, las raíces cósmicas, el tikuním (correcciones) y el klipot (capas de ocultación o impureza) envuelven estos, por ello hay tanta maldad.
El Zóhar (Parashat Vayerá) explica que Sodoma estaba dominada por klipot muy pesadas (capas de impureza espiritual), que impedían que la luz divina fluyera hacia los corazones de sus habitantes.
“El mal de Sodoma no era sólo moral, sino energético: su tierra exudaba juicio extremo (din) y rechazo de la misericordia (jesed).”
Vibración espiritual negativa:
Cada lugar tiene una energía dominante.
Sodoma estaba influida por la Sitra Ajra (el “otro lado” — fuerzas opuestas a la santidad).
Esto afectaba la conciencia de las personas, endureciendo sus corazones, impidiendo la empatía y bloqueando la luz del alma.
Libertad individual vs. energía colectiva del lugar
En Kabalá se enseña que el ser humano tiene libre albedrío, pero este se ve condicionado por el entorno espiritual.
En lugares cargados de klipá (como Sodoma), se requiere mucha más fuerza interior para elegir el bien.
Por eso, Dios no juzga igual a todos: el nivel de oscuridad del entorno espiritual es considerado en el juicio.
Esto lo vemos en el caso de Lot, quien, pese a vivir en Sodoma, mantenía ciertos niveles de bondad. Por eso fue rescatado.
La raíz espiritual de los lugares
Cada ciudad o región tiene una “mazal” (influencia celestial). Algunos lugares tienen una raíz de din (juicio) y otros de jesed (misericordia).
Sodoma era un lugar con raíz en el din extremo, sin balance. Por eso:
Odiaban la hospitalidad.
Rechazaban la compasión.
Se burlaban de la divinidad y de la humildad.
¿Se puede cambiar la energía de un lugar?
¡Sí!, pero es un trabajo espiritual profundo.
La Kabalá enseña que los humanos pueden elevar la energía de un lugar a través de acciones específicas:
¿Cómo mejorar espacios densos espiritualmente?
| Acción | Efecto espiritual |
| Encender velas (Shabat o meditativas) | Trae luz real y simbólica al lugar |
| Estudio de Torá o textos sagrados | Eleva la vibración y purifica el ambiente |
| Oración con intención (kavaná) | Abre canales de luz espiritual |
| Música espiritual | Restaura armonía perdida en la vibración del lugar |
| Actos de bondad (jesed) en ese lugar | Rompen la klipá del egoísmo |
| Hablar con respeto y santidad | Transforma la atmósfera verbal del entorno |
| Recitar salmos o nombres sagrados | Purifican y reprograman la energía |
| Limpieza física y energética | El orden atrae la luz (cf. Sefer Yetzirá) |
“Donde mora la Shejiná, hasta la piedra se ablanda.” — Midrash
Ejemplo práctico: ¿Por qué Avraham no vivió en Sodoma?
Avraham, símbolo del jesed, no podía establecerse en una tierra de din extremo. Él entendía que algunos lugares están tan envueltos en klipá que la única solución es:
Elevarlos desde afuera (con oración y ejemplo),
O, si están muy corrompidos, abandonarlos y crear un nuevo centro de luz.
Esto es lo que hizo al construir su tienda en Mamré, abierta en las cuatro direcciones.
Si vives en un lugar con mucha negatividad (violencia, apatía, blasfemia…), no es casualidad.
Puede que tu alma haya sido enviada para traer luz a ese lugar.
Pero también puede ser que tu alma ya haya completado su trabajo allí, y sea hora de buscar un entorno más propicio para tu crecimiento.
“No todo lugar es para toda alma.” — Ari z”l
La maldad en ciertos lugares no nace sólo de las personas, sino de la energía espiritual que los impregna. Sin embargo, cada ser humano tiene el poder —y a veces la misión— de elevar ese lugar a través de conciencia, santidad y actos de compasión.



