
Mi Parashá – Génesis 17:22
Este versículo marca el final de una conversación directa entre el Creador y Abraham. El texto indica que, después de concluir su comunicación, el Creador ascendió. Desde una perspectiva cabalística, este evento sugiere que hay momentos en los que lo divino y lo humano se encuentran, para luego retornar a sus respectivos estados. La ascensión del Creador simboliza el regreso a una dimensión trascendente, donde Su presencia ya no es perceptible de la misma manera para Abraham.
La palabra “ascendió” (vayal, וַיַּעַל) está formada por las letras ו (Vav) = 6, י (Yod) = 10, ע (Ayin) = 70 y ל (Lamed) = 30, con un valor gemátrico total de 116, que se descompone en 1 + 1 + 6 = 8. En la Cábala, el número 8 se asocia con lo sobrenatural y lo infinito. Representa aquello que trasciende el mundo físico, simbolizando que el ascenso de Dios es hacia una dimensión superior, más allá de lo que puede ser comprendido completamente por el ser humano.
Para algunos creyentes, esta escena denota la manifestación del Señor en una forma visible antes de la encarnación en Belén. Sin embargo, más allá de esa interpretación, se sugiere que el Creador se comunica continuamente con nosotros a través de diversas manifestaciones. Por eso, la expresión “Dios ascendió” (וַיַּעַל אֱלֹהִים) tiene un significado espiritual profundo.
En la Cábala, los encuentros directos con lo divino son eventos raros y significativos. Estos momentos representan cumbres espirituales que deben ser integradas por el receptor. Cuando el Creador “asciende”, no implica que se retire por completo, sino que la intensidad de Su presencia disminuye para permitir que el ser humano asimile lo experimentado. Es una invitación a meditar y reflexionar sobre el contenido de la conversación y el mensaje divino recibido.
Este versículo también simboliza el final de una revelación importante: el Creador ha establecido su pacto con Abraham, y la ascensión sugiere que ahora le corresponde a Abraham cumplir con su parte. En la Cábala, la relación entre el Creador y el ser humano es una interacción espiritual en la que ambos participan activamente. Cuando el Creador habla, posteriormente “se retira” para que el ser humano actúe.
La ascensión no es un abandono, sino más bien un retiro que deja espacio para la reflexión y la acción humana. En la Cábala, este tipo de eventos sugiere que, después de un contacto divino, es el ser humano quien debe asumir la responsabilidad de poner en práctica las enseñanzas o mandamientos que ha recibido. El valor gemátrico de 116, asociado con la palabra “ascendió”, se relaciona con lo que está más allá del orden natural. Tras estas experiencias, es esencial recordar que, aunque la intensidad de esa conexión pueda disminuir, la presencia divina sigue existiendo, y nuestra responsabilidad espiritual es aplicar las lecciones aprendidas. Estos momentos de elevación espiritual requieren que integremos lo recibido en nuestro día a día, permitiendo que estas enseñanzas transformen nuestra vida y nuestras acciones.



