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Mi Parashà – Gènesis 18:27

Este versículo refleja la profunda humildad de Abraham al interceder ante Dios. En la Cábala, la humildad (anavá) es una cualidad clave para alcanzar un estado elevado de espiritualidad. A pesar de su estatus como patriarca, Abraham se ve a sí mismo como “polvo y ceniza”, subrayando la pequeñez del ser humano frente a la grandeza divina.

“He osado hablar” (ho’alti ledaber): Abraham reconoce la magnitud de su petición al interceder ante Dios en nombre de Sodoma. En la Cábala, este acto de intercesión refleja el principio de Jesed (misericordia), que busca siempre actuar a favor de la vida y la compasión. Abraham, como representante de la misericordia, se atreve a hablar con Dios desde un lugar de profunda humildad.

“Soy polvo y ceniza” (anochi afar va’efer): En la Cábala, el polvo (afar) y la ceniza (efer) simbolizan lo efímero de la vida material y la insignificancia del ser humano en comparación con la inmensidad divina. Sin embargo, también pueden verse como un recordatorio de que, aunque el ser humano proviene de la tierra, está imbuido de una chispa divina que le permite elevarse. La humildad de Abraham, entonces, no es una auto-negación, sino una afirmación de que todo lo que tiene proviene del Creador.

El valor gemátrico de “polvo” (afar, 350) destaca la conexión entre el ser humano y la materia. El número 350 puede interpretarse como un símbolo del ciclo de vida y muerte, que constantemente se repite en el mundo material. En la Cábala, el polvo también representa el potencial de crecimiento, ya que de la tierra nacen todas las formas de vida.

El valor de “ceniza” (efer, 281) subraya el aspecto de lo efímero. En términos espirituales, la ceniza es lo que queda después de que el fuego ha consumido algo, lo que indica transformación y purificación. La ceniza también puede simbolizar un estado de renovación después de la destrucción.

El valor de “Señor” (Adonai, 65) está conectado con la misericordia divina. El nombre Adonai se refiere al aspecto del Creador que interactúa directamente con el mundo, mostrando compasión y cuidado hacia la creación. Este valor gemátrico refuerza la idea de que, a pesar de la pequeñez de Abraham, el Creador está dispuesto a escuchar su súplica.

Este versículo nos enseña la importancia de la humildad en la interacción con lo divino. Abraham, a pesar de su rol prominente, se ve a sí mismo como “polvo y ceniza”, reconociendo la pequeñez del ser humano frente a la grandeza del Creador. Sin embargo, en la Cábala, este estado de humildad no implica auto-degradación, sino una comprensión profunda de la relación entre lo finito y lo infinito. El ser humano, aunque creado de polvo, posee una chispa divina que le permite interceder y conectarse con lo trascendente.

La gematría del versículo refuerza esta enseñanza. El valor de “polvo” (350) y “ceniza” (281) sugiere un ciclo de vida, muerte y renovación, mientras que el valor de “Señor” (65) está asociado con la misericordia divina, indicando que Dios está siempre dispuesto a escuchar a quienes se acercan a Él con un corazón humilde.

Este versículo nos invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con lo divino y cómo la humildad y el reconocimiento de nuestra fragilidad pueden abrirnos a una conexión más profunda con Dios. Como Abraham, podemos “osar” hablar con el Creador, sabiendo que, aunque somos polvo y ceniza, estamos conectados con algo mucho más grande.

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