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Mi Parashá – Génesis 20:17

En este capitulo se repite la historia del peligro para Abraham por la belleza de Sara. La Cábala y la Guematría ofrecen una lectura profunda y simbólica sobre estos eventos, especialmente acerca de la esterilidad de las mujeres en ese reino y el rol de Sara como matriz de la promesa divina.

Abraham dice que Sara es su hermana para protegerse. Abimelec toma a Sara, pero Dios lo advierte en un sueño. Abimelec devuelve a Sara a Abraham y lo reprende. Las mujeres de Abimelec están estériles, y tras devolver a Sara, Dios restaura la fertilidad.

La esterilidad de las mujeres en Gerar. La esterilidad simboliza la ausencia de “brillo espiritual” o la incapacidad de producir vida espiritual. En términos cabalísticos, representa la desconexión de la fuente divina, el “Ein Sof” (Infinito).

Las mujeres simbolizan en la Cábala la sefirá de Maljut, receptora y portadora de vida. Si están “estériles”, significa que el canal hacia la manifestación de la Luz está bloqueado.

El hecho que sólo Sara pueda dar vida simboliza que sólo a través de la “Tiferet” (armonía, belleza, compasión) — representada por Sara — la Luz divina puede manifestarse plenamente.

Sara como matriz de la promesa. El nombre שָׂרָה (Sara) tiene valor guemátrico: ש (300) + ר (200) + ה (5) = 505. Este valor se conecta con palabras como רָאשִׁית (Reishit), que significa “principio” o “primicia”, indicando que Sara es el principio de la nación y la promesa.

Sara representa la madre espiritual de Israel, a través de quien la promesa divina se realiza.

La advertencia divina a Abimelec. El sueño representa la intervención de la conciencia divina para evitar la profanación del pacto. Abimelec representa a aquellos que viven en la “oscuridad” espiritual (las mujeres estériles del reino), y al tomar a Sara, el potencial de Luz es amenazado.

La restitución de Sara y la fertilidad restaurada simbolizan la reparación de la ruptura espiritual.

Simbolismo de la hermandad y protección. Abraham dice que Sara es su hermana, lo que indica una relación de esencia y origen espiritual.

En la Cábala, se considera que toda alma tiene “hermanos” espirituales, es decir, almas con la misma raíz.

Esta protección mediante la “hermandad” habla de la importancia de reconocer nuestras raíces y conexiones espirituales para proteger la pureza y misión de nuestras almas.

La historia nos invita a valorar la pureza espiritual y la importancia de mantenernos fieles a nuestro pacto con Dios.

Las “esterilidades” actuales pueden entenderse como bloqueos espirituales que impiden que la Luz fluya a través de nosotros.

La intervención divina siempre está presente para restaurar la vida y la fertilidad espiritual, si nos abrimos a ella.

Como Sara, debemos ser recipientes puros que canalizan la promesa divina en el mundo.

Este versículo nos muestra el poder de la intercesión espiritual a través de la oración de Abraham. La oración, en la cábala, no es solo una petición al Creador, sino un acto de alineación espiritual con las fuerzas divinas. Abraham, como profeta y patriarca, tiene el poder de interceder por otros, y su oración resulta en la sanación de Abimelec y su familia.

La expresión “oró”, Vayitpalel (וַיִּתְפַּלֵּל), implica una forma de juicio o intercesión, una manera de conectar los mundos superiores e inferiores, trayendo armonía y sanación al plano terrenal. Abraham utiliza este poder para restaurar el equilibrio que había sido perturbado por el malentendido con Sara.

La expresión “Dios sanó”, Vayirpa Elohim (וַיִּרְפָּא אֱלֹהִים), proviene de la raíz de la palabra “sanar” (רפא), que está conectada con el concepto de curación y restauración en el plano físico y espiritual. La sanación de Abimelec y su familia representa la reconciliación y la restauración del orden divino. En la cábala, la sanación no es solo física, sino también un proceso espiritual de purificación.

El valor numérico de “vayirpa” es 298, el cual está relacionado con la palabra tzadik (צדיק), que significa “justo” o “recto”. En este contexto, la sanación viene como resultado de la rectitud y la pureza espiritual. Abraham, al interceder, actúa como un tzadik, un justo cuya oración es poderosa y eficaz.

La palabra “Elohim” tiene un valor numérico de 86, que está asociado con la sefirá de Gevurá (juicio y fuerza). En este versículo, Dios actúa con misericordia, reflejando el equilibrio entre Gevurá (juicio) y Jesed (misericordia), trayendo sanación en lugar de juicio.

Este versículo nos enseña sobre el poder de la oración y la intercesión espiritual. Abraham, a través de su oración sincera, logra que el Creador sane a Abimelec, a su esposa y a sus siervas. En la cábala, la oración es una herramienta que nos permite canalizar la energía divina para traer sanación y restauración al mundo. Este acto no es solo una súplica, sino un proceso de transformación espiritual.

El verbo vayitpalel nos recuerda que la oración es un acto de intervención y conexión. Al orar, Abraham actúa como un mediador entre el mundo terrenal y las fuerzas divinas, lo que nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad espiritual que tenemos de interceder por los demás. En nuestras vidas, la oración es una manera de traer equilibrio y sanación a nuestras relaciones y circunstancias.

La gematría de vayirpa (298), que está conectada con el tzadik (justo), nos recuerda que la rectitud y la pureza espiritual son esenciales para que la sanación ocurra. En términos prácticos, esto significa que cuando actuamos con justicia y compasión, creamos el espacio necesario para que la energía divina fluya y restaure el equilibrio en nuestras vidas y en las de quienes nos rodean.

Este versículo también nos invita a considerar el equilibrio entre juicio y misericordia. Aunque la situación inicial con Abimelec podría haber llevado a un juicio severo, la intervención de Abraham trae misericordia y sanación. En nuestras propias vidas, debemos buscar ese equilibrio, siendo compasivos y justos para poder experimentar la plenitud espiritual.

Este versículo nos enseña sobre la fuerza transformadora de la oración y la importancia de la rectitud en nuestro camino espiritual. Al interceder por los demás con compasión y justicia, podemos canalizar el poder sanador de lo divino, trayendo restauración y equilibrio a nuestras vidas y a las vidas de quienes nos rodean.

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