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Mi Parashà – Génesis 22:15

Este versículo nos sitúa en un momento crucial en la historia de Abraham. Después de que se detiene el sacrificio de Isaac, el ángel del Creador vuelve a llamar a Abraham, estableciendo una segunda comunicación divina. Esto marca un punto en el que se refuerza el pacto de bendición entre el Creador y Abraham, señalando la importancia de la obediencia y la fe.

En gematría, la palabra מַלְאַךְ (Mal’akh), que significa “ángel”, tiene un valor de 101 (mem = 40, lamed = 30, alef = 1, kaf = 20), que corresponde al concepto de un mensajero o portador de un mensaje celestial. El número 101 es significativo, ya que en la tradición cabalística está vinculado a la conexión entre lo terrenal y lo celestial. Nos habla de un canal entre los mundos, un intermediario entre Dios y los humanos.

Desde la gematría, el número 101 (Mal’akh, ángel) refuerza el rol de los ángeles como mensajeros divinos, conectando a Abraham con la voluntad de Dios. El número 750 (Shenit, segunda vez) sugiere que esta segunda oportunidad es un nivel superior de conexión espiritual. La cábala nos enseña que los desafíos espirituales son necesarios para ascender a planos más altos, y este segundo llamado simboliza un nuevo nivel en la relación entre Abraham y el Creador.

La palabra שֵׁנִית (Shenit, segunda vez) tiene un valor gemátrico de 750 (shin = 300, nun = 50, yud = 10, tav = 400). Este número tan elevado indica la importancia y profundidad del segundo llamado. El número 2 en cábala simboliza la dualidad y el equilibrio, pero también nos recuerda las segundas oportunidades y el refuerzo de lo divino en nuestras vidas. Este llamado reafirma el pacto entre el Creador y Abraham, fortaleciendo la conexión espiritual.

En gematría, la palabra הַשָּׁמַיִם (HaShamayim, los cielos) tiene un valor de 395 (hei = 5, shin = 300, mem = 40, yud = 10, mem = 40), que alude a la grandeza y la distancia entre el cielo y la tierra, pero también a la capacidad de elevarse hacia la espiritualidad más elevada. El cielo en la tradición judía no solo es un espacio físico, sino un símbolo del reino de lo divino, lo eterno y lo inmutable.

Este versículo, desde la perspectiva cabalística, nos invita a reflexionar sobre el significado del llamado divino y la importancia de la repetición, de una segunda oportunidad. Abraham, después de la prueba más grande de su vida, recibe nuevamente una comunicación divina, lo que refuerza la idea de que la fe y la obediencia generan bendiciones multiplicadas. La repetición del llamado simboliza que, tras una prueba o desafío, llega una nueva etapa de vida, llena de promesas divinas.

El versículo y su análisis gemátrico nos enseñan que la vida está llena de pruebas, pero también de segundas oportunidades. A través de las experiencias difíciles, como las que vivió Abraham, alcanzamos una mayor comprensión de nuestro propósito y nuestra relación con lo divino. En nuestra vida diaria, esta reflexión nos anima a no rendirnos ante los obstáculos, sabiendo que, al igual que Abraham, podemos recibir un segundo llamado desde “los cielos”, una nueva oportunidad para reconectar con nuestro propósito y misión espiritual.

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