
Mi Parashà – Gènesis 24:50
Me’Adonai “מֵיְהוָה”, que significa “De parte del Señor” o “De Dios”, nos habla del nombre YHWH (יהוה) que por lógica tiene una conexión profunda con la misericordia divina y la manifestación de su realidad. Cuando Labán y Betuel afirman que este asunto ha salido de Adonai, están reconociendo que el destino está en manos de lo divino y que lo que está ocurriendo está más allá del control humano. En la Cábala, este nombre se asocia con la Sefirá de Tiferet, que simboliza el equilibrio y la belleza de los decretos divinos.
El valor gemátrico de מֵיְהוָה (me’Adonai): מ = 40, י = 10, ה = 5, ו = 6, ה = 5; suma total = 66, nos da la idea de la dualidad y la búsqueda de equilibrio entre lo espiritual y lo terrenal. Esto simboliza que, aunque este “asunto” proviene de una fuente divina, su manifestación en el plano material requiere equilibrio y reconocimiento de lo sagrado.
Hadavar, “הַדָּבָר”, “palabra” o “asunto”, nos presenta un sentido más profundo hacia el termino davar, para que se le interprete como la manifestación de un decreto divino. Desde una perspectiva cabalística, cuando se menciona davar, se refiere a una energía o fuerza que está siendo transmitida desde los planos superiores a la realidad física. Es interesante notar que davar (asunto, palabra) también se relaciona con el concepto de la palabra como fuerza creadora, lo cual remite al acto creativo del Génesis cuando Èl crea mediante Su palabra.
El valor gemátrico de הַדָּבָר (hadavar): ה = 5, ד = 4, ב = 2, ר = 200; suma total = 211, que cuando lo reducimos (2 + 1 + 1 = 4), nos lleva al número 4, el cual en la Cábala está relacionado con las cuatro letras del Tetragrámaton (YHWH), el nombre sagrado del Creador. Esto refuerza la idea de que lo que está sucediendo es un decreto directo de la Divinidad y no puede ser modificado por los humanos.
El versículo refleja un momento crucial en la narrativa de Rebeca, donde los personajes reconocen que el destino ha sido determinado por el Creador y que no pueden intervenir para cambiar el curso de los eventos. Desde una perspectiva cabalística, esto nos enseña sobre la aceptación de la voluntad divina y el reconocimiento de que hay fuerzas que están fuera de nuestro control humano.
La frase “no podemos hablarte ni mal ni bien” es una afirmación de la neutralidad y del reconocimiento de que no se trata de una decisión humana, sino de algo que ha sido decretado desde un plano superior. En este sentido, la Cábala nos invita a reflexionar sobre la idea de Bitajón, que es la confianza absoluta en el Creador y en Su plan.
El nombre de Dios, YHWH, se asocia con la misericordia y con el plan divino que se despliega en la vida de los seres humanos. Este versículo nos recuerda que, aunque a veces queramos tomar el control, hay momentos en los que debemos aprender a confiar en el flujo de lo divino y aceptar que algunos asuntos están destinados por fuerzas superiores.
Además, el uso de la palabra davar (asunto, palabra) nos trae a la reflexión sobre el poder de la palabra divina como creadora y manifestadora de realidades. Este versículo nos invita a alinearnos con esa energía creadora, entendiendo que cuando algo proviene de lo divino, no es nuestra tarea juzgarlo o intervenir, sino aprender a fluir con esa energía y confiar en su propósito mayor.
En conclusión, este versículo, leído a través del lente de la Cábala y la gematría, nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con el destino y el plan divino. Nos enseña a confiar en que algunas decisiones están en manos de lo divino, y nuestra tarea es aceptar con humildad y sabiduría esos momentos, sabiendo que detrás de cada “davar” (asunto) hay un propósito mayor que a veces no podemos ver con claridad.



