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Mi Parashà – Génesis 25:23

La expresión “dos naciones” “Shnei goyim” (שְׁנֵי גֹיִים), hace referencia a los dos hijos que Rebeca está esperando: Jacob y Esaú, que darán origen a dos naciones, Israel y Edom. En la cábala, los hijos representan fuerzas opuestas, no solo en el ámbito físico sino también espiritual. Jacob, asociado con el camino de la espiritualidad y la conexión con lo divino, y Esaú, más relacionado con lo material y lo terrenal, simbolizan las tensiones entre estos dos aspectos dentro de cada ser humano. La lucha entre ellos es también la lucha interna entre el impulso espiritual y el material que todos enfrentamos.

La palabra goyim  (גֹיִים), naciones, tiene un valor gemátrico de 59 (ג=3, ו=6, י=10, ם=40), número que en la cábala, puede ser interpretado como un número de transición y de movimiento entre diferentes estados de ser. Aquí refleja el proceso de separación y distinción entre los dos caminos que representan Jacob y Esaú, o el conflicto interno que surge cuando las fuerzas espirituales y materiales luchan por prevalecer.

Esta frase, que significa “un pueblo será más fuerte que el otro”, “Ule’om mile’om ye’ematz” (וּלְאֹם מִלְאֹם יֶאֱמָץ), destaca que en diferentes momentos, uno de los dos impulsos (espiritual o material) será dominante. En la cábala, esta dinámica refleja la fluctuación entre las diferentes fuerzas que gobiernan nuestras vidas. Hay momentos en los que el impulso espiritual puede ser más fuerte, mientras que en otros, el impulso material toma control. La clave está en mantener el equilibrio y saber cuándo permitir que una fuerza prevalezca sobre la otra en función del crecimiento espiritual.

Esta parte del versículo, que significa “el mayor servirá al menor”, “Verav ya’avod tza’ir” (וְרַב יַעֲבֹד צָעִיר), tiene una interpretación profunda en la cábala. El “mayor” (Esaú) simboliza el mundo material y el “menor” (Jacob) representa lo espiritual. Este versículo nos enseña que, aunque el mundo material parece dominante en muchos casos, al final, lo material está destinado a servir al propósito espiritual. Este es un recordatorio de que lo material no debe ser el fin último, sino un medio para alcanzar una conexión más profunda con lo divino.

Este versículo refleja la dualidad inherente en la vida humana, representada por los dos hijos que Rebeca lleva en su vientre: Jacob y Esaú. Cada uno de nosotros experimenta esta lucha interna entre el deseo de conectarnos con lo espiritual (Jacob) y las atracciones del mundo material (Esaú). La cábala nos enseña que este conflicto no es malo, sino que es una parte esencial del crecimiento espiritual. Es a través de la lucha interna que logramos encontrar el equilibrio entre lo material y lo espiritual.

El hecho de que “el mayor servirá al menor” nos muestra que, aunque en muchos momentos de la vida lo material puede parecer dominante, su verdadero propósito es servir al crecimiento espiritual. El desafío es aprender a utilizar los recursos materiales de una manera que apoye nuestra evolución espiritual y no nos distraiga de ella.

Además, la gematría de “goyim” nos recuerda que la transición y el cambio son partes integrales del viaje espiritual. No siempre estaremos en equilibrio perfecto, pero el proceso de fluctuación entre las fuerzas espirituales y materiales es lo que nos permite crecer y avanzar en nuestro camino hacia una mayor comprensión y conexión con lo divino.

Este versículo nos invita a reflexionar sobre la dualidad que experimentamos en nuestra vida cotidiana. Así como Jacob y Esaú luchaban en el vientre de Rebeca, también nosotros enfrentamos luchas internas entre nuestros deseos espirituales y materiales. Sin embargo, la cábala nos enseña que estas luchas no deben ser evitadas; más bien, son una oportunidad para crecer y fortalecer nuestra conexión con lo divino.

Debemos recordar que el mundo material, representado por Esaú, no es algo negativo en sí mismo, pero debe estar subordinado al propósito espiritual. Así como el mayor servirá al menor, nuestras necesidades materiales deben servir a nuestro propósito superior, que es el crecimiento espiritual.

Este versículo nos enseña sobre la importancia de mantener el equilibrio entre lo espiritual y lo material, reconociendo que, aunque ambos son necesarios, el mundo material debe ser una herramienta que nos ayude a avanzar en nuestro camino hacia una conexión más profunda con lo divino.

Desde la perspectiva cabalística y del texto bíblico, las decisiones de Abraham de enviar a sus hijos a diferentes latitudes no fueron actos arbitrarios de favoritismo ni simples desplazamientos geográficos, sino asignaciones energéticas y misiones de rectificación global (Tikún).

El texto del Génesis (25:5-6) menciona que Abraham le dio todo lo que tenía a Isaac, mientras que a los hijos de sus concubinas (como Ismael y los hijos de Keturá) les dio “regalos” (Matanot) y los envió hacia el Oriente, lejos de Isaac.

El Zohar y la Cábala: Distribución por polaridad (Sefirot)

Para el Zohar, Abraham actuó como un maestro de la geografía sagrada que conocía las “frecuencias” de la Tierra y las inclinaciones del alma de cada uno de sus descendientes:

Isaac (Línea Central / Gevurá – Juicio y Corrección): Isaac permaneció en la Tierra de Canaán (la futura Eretz Yisrael). Esta región requería la vasija espiritual más exigente y la capacidad de sostener la luz directa de la Revelación. Isaac personifica la restricción, la disciplina interna y el trabajo con la chispa divina en el punto central de la Tierra.

Ismael (El Este / Chesed desequilibrado): Fue enviado hacia el desierto y las regiones de Arabia. En la Cábala, Ismael representa la columna derecha (Chesed, expansión/bondad), pero en un estado no rectificado que puede desbordarse como pasión desmedida o ardor. Su geografía (el desierto abierto) refleja esa naturaleza expansiva y sin fronteras físicas rígidas.

Los hijos de Keturá (Las Sabidurías del Oriente): El Zohar enseña que los “regalos” (Matanot) que Abraham les dio a los hijos de Keturá no eran riquezas materiales, sino nombres sagrados, secretos de la naturaleza y conocimientos de las artes místicas del Oriente. Fueron enviados a las tierras del Este (lo que hoy asociamos con el lejano Oriente y Asia) porque sus almas y los insumos de esas regiones eran compatibles con el desarrollo de la meditación, la filosofía natural y la energía del cosmos exterior.

Gematría: La ciencia de los “Regalos” (Matanot)

La palabra empleada para los obsequios que Abraham da a sus hijos hacia el Oriente es Matanot (מתנות):

Su valor numérico es 496.

Es exactamente el mismo valor de la palabra Malkhut (מלכות – Reino / La Materia).

Esto indica que Abraham les entregó el dominio y la sabiduría sobre las leyes del mundo físico y la naturaleza (el cosmos, la energía vital, las artes de alineación terrenal), mientras que a Isaac le confió el canal de la trascendencia espiritual directa (Torá y la conexión con el Infinito).

El Talmud: El mapa de los portales

El Talmud (Sanhedrín 91a) explica que Abraham envió a estos hijos hacia regiones donde la estructura del mundo físico permitía el cultivo de ciertas fuerzas mentales y de sanación sin la exigencia de la ley de Canaán. Cada territorio actuaba como un “filtro” seguro para que esas ramas de la humanidad desarrollaran sus propios atributos sin colisionar con la energía concentrada del centro (Jerusalén).

En síntesis, la tradición sostiene que Abraham no expulsó a sus hijos, sino que los implantó en los ecosistemas espirituales adecuados para sus almas. Cada grupo recibió la combinación exacta de geografía, saber místico y entorno energético necesaria para que la humanidad explorara distintas facetas de la conciencia desde diversos rincones de la Tierra.

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