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Mi Parashá – Génesis 26:25

I.26.25. וַיִּבֶן־שָׁ֨ם מִזְבֵּ֜חַ וַיִּקְרָ֣א בְשֵֽׁם־יְהוָ֗ה וַיֶּט־שָׁ֤ם אָהֳלֹה֙ וַיִּכְר֣וּ־שָׁ֔ם עַבְדֵי־יִצְחָ֖ק בְּאֵ֥ר׃

Vayiven sham mizbeach vayikra veshem-Adonai vayet sham oholoh vayichru sham avdei-Yitzchak be’er.

“Isaac construyó allí un altar, invocó el nombre del Señor, plantó allí su tienda, y sus siervos cavaron un pozo.”

Este versículo describe un momento de establecimiento espiritual y físico para Isaac. Tras recibir la bendición y promesa divina en Beer-Sheva, Isaac procede a construir un altar y a invocar el nombre del Creador. En la Cábala, la construcción de un altar simboliza el punto de conexión con lo divino. Un altar es un lugar donde se ofrecen sacrificios y oraciones, y es un canal para que las bendiciones fluyan del mundo espiritual al mundo físico.

“Altar” מִזְבֵּ֜חַ (mizbeach) tiene un valor gemátrico de 57, número que está relacionado con la creación de un canal espiritual que permite la conexión entre lo divino y lo humano. El altar es un lugar donde se manifiestan las energías espirituales.

El acto de invocar el nombre del Señor (בְשֵֽׁם־יְהוָ֗ה) es una expresión de dedicación y reconocimiento del poder divino. Invocar el nombre del Creador en la Cábala tiene un significado profundo, ya que el nombre del Creador es considerado una fuente de energía espiritual. Al hacerlo, Isaac está alineando su vida y sus acciones con la voluntad divina, asegurando que las bendiciones prometidas se mantengan en su vida y en su descendencia.

“En el nombre de Dios” בְּשֵֽׁם־יְהוָ֗ה (beshem-Adonai) tiene un valor gemátrico de 343, que se asocia con la armonización del mundo físico con lo espiritual. Invocar el nombre del Creador implica activar esa conexión divina.

El hecho de que plantara su tienda allí simboliza el asentamiento. En la tradición cabalística, plantar una tienda representa encontrar un lugar de estabilidad, donde la espiritualidad y la vida diaria pueden coexistir en armonía. Este es un momento de equilibrio en la vida de Isaac, donde el esfuerzo físico y la conexión espiritual se integran.

“Pozo” בְּאֵ֥ר (be’er) tiene un valor gemátrico de 203, lo que, como se ha visto, está relacionado con la búsqueda constante de sabiduría y la conexión con las fuentes espirituales más profundas.

Los siervos de Isaac cavan un pozo, lo que en la Cábala simboliza el esfuerzo constante por acceder a las fuentes de sabiduría y bendición. El agua, como se ha discutido en versículos anteriores, representa la sabiduría divina, y cavar un pozo es una acción que requiere trabajo y dedicación para acceder a las bendiciones profundas de la vida.

Este versículo nos enseña sobre el proceso de establecerse espiritualmente y físicamente en un lugar de bendición. Isaac, después de recibir las promesas divinas, construye un altar, invoca el nombre del Creador y planta su tienda, un símbolo de estabilidad y paz. Cada una de estas acciones refleja un equilibrio perfecto entre lo espiritual y lo material.

La construcción del altar y la invocación del nombre del Creador indican que Isaac está centrado en su conexión con lo divino, reconociendo que toda bendición y prosperidad provienen de esa relación. En la Cábala, el altar es un lugar de canalización de energías y de manifestación de bendiciones, lo que sugiere que Isaac está activando esa fuente espiritual en su vida.

El pozo que sus siervos cavan refuerza el tema de la búsqueda espiritual. Cavar pozos es un símbolo de trabajo constante para acceder a la sabiduría y la bendición divina. Isaac ha llegado a un lugar de estabilidad, pero sigue trabajando para mantener abierta esa conexión con lo divino, asegurando que las bendiciones sigan fluyendo.

La gematría de mizbeach (57) y beshem-Adonai (343) subraya la importancia de crear un canal espiritual para recibir las bendiciones divinas. Este versículo nos recuerda que, al igual que Isaac, debemos construir nuestros propios “altares” y mantener activa nuestra conexión con lo divino a través de la oración, el esfuerzo y el trabajo espiritual.

Este versículo es una lección sobre cómo integrar la vida espiritual en nuestra vida cotidiana. A través de acciones como invocar el nombre del Creador, establecer un lugar de estabilidad y continuar trabajando para acceder a la sabiduría divina, podemos asegurar que las bendiciones fluyan en nuestras vidas y en las de aquellos que nos rodean.

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