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Mi Parashà – Gènesis 5:24

Lo de Enoc no fue solo una vida piadosa, sino que caminó hacia un estado espiritual elevado, donde cada acción suya estaba en alineación con la voluntad divina, lo que le llevó a un desenlace extraordinario: “וְאֵינֶנּוּ” (ve’einenu), que significa “ya no estaba”, indicando que Enoc no murió de manera ordinaria, sino que “כִּי־לָקַח אֹתוֹ אֱלֹהִים” (ki-lakach oto Elohim), el Creador lo tomó, lo que se interpreta como que fue llevado directamente al cielo.

Este evento, que se repite de una forma un poco distinta más adelante con Elías, resalta la excepcionalidad de Enoc. Se cree que Enoc alcanzó un nivel de pureza y espiritualidad tan alto que no necesitaba pasar por la muerte física, sino que fue trasladado a un estado espiritual superior por Dios mismo.

La gematría del nombre “חֲנוֹךְ” (Chanokh) es 84 (ח=8, נ=50, ו=6, ך=20), lo cual simboliza un proceso de perfección espiritual, indicando que Enoc alcanzó la completitud en su relación con el Creador gracias a una vida marcada por “un caminar a su lado”, de forma tan plena que trascendió las limitaciones de la existencia terrenal.

El verbo “לָקַח” (lakach), que significa “tomó”, tiene un valor gemátrico de 138 (ל=30, ק=100, ח=8) y se relaciona con conceptos de ascensión y transformación, sugiriendo que Enoc fue elevado a un plano espiritual más alto, una lección sobre lo que significa vivir una vida en completa alineación con lo divino.

Este acto de “ser llevado” simboliza la culminación de una vida vivida en perfecta armonía con la voluntad divina, un camino hacia una relación más profunda con lo divino que implica un proceso de perfeccionamiento espiritual, donde nuestras acciones, pensamientos y vida diaria están completamente alineados con los principios divinos.

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