
MI Parashá – Génesis 7:17
El día a día nos ofrece procesos de transformación que pretenden nuestra elevación espiritual, y aunque regularmente no tenemos en cuenta el número de días de nuestro ciclo, llevando apenas un conteo de nuestros onomásticos, lo cierto es que si contáramos uno a uno las horas, días, semanas e incluso años de nuestros períodos de prueba, seguramente al llevarlos a un análisis desde la gematría, llegaríamos a la conclusión de que han sido momentos para nuestra purificación.
Así que, en lugar de simplemente asumir estos conteos, al atravesar estos espacios oscuros, deberíamos visionar que al finalizar estos desafíos podremos alcanzar nuevos niveles de entendimiento, lo cual nos permitirá vislumbrar de mejor forma nuestra conexión con lo divino. Desde esa lectura, las aguas que elevan el arca nos deben servir para entender que, aunque los desafíos pueden ser abrumadores, también tienen el potencial de elevarnos y acercarnos más al Creador.
El hecho de que el arca se eleve sobre la tierra es un poderoso símbolo de trascendencia, mostrándonos que, a través de la fe y la conexión con lo divino, podemos superar las limitaciones de nuestra existencia material y alcanzar un estado más elevado de conciencia y espiritualidad. Esto nos debe animar a ver las pruebas y dificultades como oportunidades para crecer y elevarnos espiritualmente, siempre y cuando confiemos cada vez más en el Creador.
Su mano siempre está guiando nuestra “arca” personal, llevándonos hacia un lugar de mayor comprensión, paz y conexión con lo sagrado. Por ello, cada período de prueba debe incentivarnos a percibir que nuestra preparación nos generará la purificación.
Cuando las aguas crecen (וַיִּרְבּוּ הַמַּיִם) y se eleva el arca, debemos dejar que esas fuerzas espirituales actúen, aunque inicialmente nos parezcan abrumadoras, ya que ellas tienen el poder de elevarnos y acercarnos más al Creador. Por ello, aun en tiempos de juicio, estamos llamados a acogernos a Su misericordia.
Así, el arca elevada (וַתָּרָם מֵעַל הָאָרֶץ) nos denota que ese movimiento hacia lo espiritual, aunque nos aleje de los apegos terrenales y quizá no coincida con nuestras expectativas egoístas, es un proceso de elevación espiritual. Nuestra arca corporal, como vehículo, nos está llevando a trascender las limitaciones del mundo material, acercándonos más a lo divino.
La palabra “vataram” (וַתָּרָם), “elevó”, tiene un valor gemátrico de 646 (ו = 6, ת = 400, ר = 200, ם = 40), que se descompone en 6 + 4 + 6 = 16, y luego 1 + 6 = 7, el cual simboliza la perfección y la completitud espiritual, ratificándonos que la elevación del arca es un símbolo de la realización espiritual y la culminación de un proceso de purificación y renovación.



