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Mi Parashá – Génesis 8:16

La primera instrucción divina directa para Noé fue la de salir del arca junto con su familia, lo cual, aunque parece obvio, no era algo sencillo, debido a todos los temores e incertidumbres que quedaron tras el proceso de juicio y posterior purificación, el cual, para la humanidad, significa un mandato de emerger y comenzar de nuevo en un mundo renovado.

Expresiones como “צֵא” (Tze – “Sal”) con un valor numérico de 91, “הַתֵּבָה” (Hatevá – “el arca”) con un valor de 412, y “אַתָּה” (Atah – “tú”) con un valor de 406, nos sirven para entender, gracias al valor numérico de 91, fruto de la unión de esos dos nombres divinos: YHWH (יהוה) y Adonai (אדני), que la salida del arca no es solo un acto físico, sino también un movimiento espiritual hacia un estado de armonía y equilibrio entre lo divino y lo humano.

La descomposición, de acuerdo con la gematría, de la palabra “צֵא” (Tze) sugiere además una conexión entre lo divino y la humanidad en este acto de salir, por lo que no se trata solo de dejar un lugar físico, sino de entrar en una nueva etapa de existencia donde la guía divina y la acción humana están unidas para crear un nuevo mundo en armonía.

El mandato de salir del arca representa un momento crucial en la historia de Noé después de un largo período de aislamiento y preservación, en el que el Creador le instruye para que salga al nuevo mundo con el fin de comenzar algo nuevo para la humanidad. Este acto de salir es profundamente simbólico, ya que representa la transición de un estado protegido y limitado a uno de expansión y renovación.

Entender aquellos momentos en los que debemos “salir” de nuestras propias “arcas” nos reitera que esos lugares de refugio o seguridad que hemos creado para nosotros mismos deben depender plenamente de Él. Por ello, su llamado es a confiar para tener el valor de avanzar hacia nuevas oportunidades y desafíos con la certeza de que estamos respaldados por una fuerza superior.

Sin embargo, este versículo también nos recuerda la importancia de la familia y la comunidad en este proceso de salida y renovación. Por ello, Noé no sale solo, sino con su familia, lo que subraya la importancia de la unidad y el apoyo mutuo en los nuevos comienzos. Nos indica que, cuando es el momento de salir de nuestro refugio y comenzar de nuevo, necesitamos hacerlo con fe, sabiendo que nuestros esfuerzos están guiados por lo divino, y valorando la compañía de nuestros seres queridos en estos momentos de transición.

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