
Mi Parashá – Génesis 8:17
La instrucción divina a Noé de liberar a todos los seres vivientes que estuvieron en el arca con él, permitiéndoles repoblar y multiplicarse en la tierra, marca un momento clave en el que se inicia la renovación de la vida en la tierra.
Expresiones como “הַחַיָּה” (Hachayah – “el ser viviente”) por su valor numérico de 23, “בָּשָׂר” (Basar – “carne”) con un valor de 502 y “וּפָרוּ וְרָבוּ” (Ufaru veravu – “sean fecundos y se multipliquen”) con un valor de 622, nos recuerdan que ese mandato de “sean fecundos y se multipliquen” (וּפָרוּ וְרָבוּ) no solo implica el contexto físico de la reproducción y expansión de las especies, sino que también contiene un profundo sentido espiritual.
Al hacer referencia a la expansión, se está haciendo una alusión directa a nuestra conciencia y a la multiplicación de la bondad y la santidad en el mundo. Por ello, la instrucción a Noé de liberar a los animales y permitirles multiplicarse en la tierra, además de simbolizar un nuevo comienzo para toda la creación, contiene la idea de renovación y regeneración de nuestra conciencia.
La vida no solo continúa, sino que se expande y florece después de un tiempo de juicio y purificación. El término “hachayah” (vida) y el mandato “uparu veravu” (sean fecundos y se multipliquen) nos recuerdan la importancia de la vida en todas sus formas y su capacidad innata para crecer y multiplicarse, asumiendo que no somos solo seres que habitamos la dimensión material.
Así que nuestro crecimiento no se limita solo a lo físico, sino que también debe interpretarse como un llamado a multiplicar nuestras acciones positivas y expandir nuestra influencia benéfica en el mundo, aprovechando las oportunidades para crecer y multiplicar nuestras contribuciones al bienestar del mundo.
Después de un período de dificultades o “diluvios” personales, se nos da la oportunidad de emerger y comenzar de nuevo, no solo para reconstruir, sino para expandir y multiplicar lo bueno que podemos ofrecer. Este mandato también subraya la interconexión de todas las formas de vida.
Tanto los animales en el arca como nosotros estamos interconectados, y nuestras acciones tienen un impacto en el mundo que nos rodea. Esto nos inspira a ser conscientes de cómo podemos contribuir a la renovación y expansión positiva en nuestras propias vidas y en la comunidad global, celebrando la vida y las posibilidades infinitas de crecimiento y multiplicación en un mundo renovado.



