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Sapiencia … conocimientos que se nutren de Su palabra

El Creador no se creó ya que Él no tiene principio ni fin. No está dentro del tiempo, ni dentro del espacio: “Desde la eternidad hasta la eternidad, Tú eres Dios.” — Salmo 90:2

En hebreo: מֵעוֹלָם וְעַד־עוֹלָם אַתָּה אֵל. La palabra “El” (אֵל) aquí apunta a una entidad no causada, que es simplemente “ser”. Desde la Cábala, este estado primordial se llama: אֵין סוֹף – Ein Sof. Literalmente: “Sin fin” o “Infinito”.

Ein Sof: No tiene forma. No tiene cualidades limitadas. No puede ser comprendido por la mente humana. No fue creado: es. “El Ein Sof no tiene principio, ni descripción, ni pensamiento que lo abarque.” — Zóhar I:15a

Pero Él nos creó: “El deseo de hacer bien a sus criaturas” — El Arí (Isaac Luria), Etz Chaim

El Creador, siendo plenitud absoluta, no necesita nada. Pero al ser Bondad pura, el bien se manifiesta dándose. Así, surge el deseo de otorgar: crear recipientes (almas) capaces de recibir Su luz.

Pero: Recibir sin merecer = vergüenza espiritual. Por eso el alma desciende, elige, sufre, corrige, y se hace digna del gozo eterno. Este proceso es lo que la Cábala llama Tikún (rectificación).

Aquí está implícito: El ser humano es reflejo, no copia. Fue creado con capacidad de libertad, conciencia y amor — para parecerse a su Fuente, y así volver a Ella conscientemente.

El Salmo 139, habla directamente de la creación íntima del ser humano. Describe cómo Dios nos formó en el vientre materno, conoce cada detalle nuestro, y está presente en todos los momentos de nuestra existencia.

Versículos clave como: “Tú formaste mis entrañas, me tejiste en el vientre de mi madre.” (v.13)

“Mis huesos no te fueron ocultos cuando en lo secreto fui formado, cuando entretejido en lo más profundo de la tierra era yo.” (v.15)

Esto expresa el misterio y la maravilla de la creación del alma y cuerpo, un proceso divino, consciente y lleno de amor.

Reconoce la omnipresencia y omnisciencia de Dios. El salmista se siente acompañado en cada paso, desde el comienzo mismo, una conciencia profunda del plan divino.

Es una hermosa plegaria de gratitud. Termina pidiendo guía para seguir el camino correcto y agradeciendo la sabiduría de Dios.

El Salmo 139 está en sintonía con el concepto cabalístico del alma como una chispa divina creada y sostenida por el Creador en cada instante.

En gematría, este salmo contiene números que se relacionan con la presencia divina (Shejiná) y la conexión profunda entre cuerpo y alma.

El Zóhar interpreta esta cercanía divina como la unidad de la luz y la vasija, es decir, cómo el alma (vasija) es sostenida y animada por la luz infinita de Dios.

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