
Mi Kabbala – Elul 18 – sábado 21 de septiembre del 2024
¿Códigos?
El Texto de Textos nos revela en Amós 3:7, “Ciertamente el Señor Creador no hace nada sin revelar su secreto a sus siervos los profetas”.
Nuestro lenguaje es una decodificación de signos y símbolos lingüísticos que, con sus intercambios lumínicos, nos proporcionan conocimientos e imaginarios, que, fruto de esos códigos semiológicos, convierten esa narración divina en pensamientos. Es un lenguaje con el que nos identificamos y relacionamos, y que, como resultado de dichos intercambios de información, consolida lo que reconocemos como realidad. Vivencias que reproducimos y que representan, en sus diferentes combinaciones, lo que suponemos son nuestras vidas, las cuales nos llaman a que todo cobre otro nuevo sentido, משמעות (mashma’ut).
Atender la Palabra creadora nos lleva a proyectarnos dentro de esa otra realidad, מְצִיאוּת (metziut), de la cual solo percibimos fragmentos, debido a que coexistimos confundidos, apegados a nuestras alucinaciones terrenales, que traducimos como experiencias y acumulamos en nuestra oscura memoria, incomunicándonos de Él. Necesitamos de su guía a través del Espíritu Santo para reorientarnos, alejándonos del modelo a través del cual nuestras coexistencias pierden su verdadero sentido trascendente, que es lo que permite que nuestras realidades sean transformadas gracias a la Luz de Su Palabra.
Códigos y simbologías plasmados no solo en ese manual de vida, sino también en nuestro propio ADN, los cuales reconocemos desde nuestra conciencia, מַצְפּוּן (matzpun), que nos llama a mantenernos en comunión con Él. Sin embargo, en nuestra obstinación, preferimos seguir malinterpretando no solo el significado de sus preceptos y mandatos, sino también sus mismas Palabras, que con su Luz recodifican nuestros idiomas, para que dejemos la confusión que predomina desde Babel y logremos unas interrelaciones armónicas más coherentes, fruto de dicho lenguaje.
Las cuatro letras del tetragrámaton se decodifican en 22 senderos que fundamentan esa narración que Él grabó, talló, permutó, pesó, transformó y dibujó en todo lo creado, partiendo desde alef, אמת (verdad), y terminando con bet, ב (casa). Es el abecedario a través del cual todo se articula, posibilitando que con su vibración todo fluya, en movimientos que le dan vida a lo creado y que, por lo tanto, aquello que emana de nosotros como parte de Él se recree, reproduciendo un universo que percibimos como fragmentado para que lo unamos al libro de nuestras vidas: Séfer Yetzirah, ספר יצירה.
El Séfer (סֵפֶר), “libro”, y Yetzirah (יְצִירָה) o yatzar (יָצַר), “formar” o “crear”, nos reiteran que son las combinaciones de las letras del alfabeto hebreo y los números con los que Él creó todo, mediante esas veintidós letras, que, con sus emanaciones, sefirot, constituyen la estructura básica de la realidad. Vibración que genera esa fuerza, Luz o energía que interactúa en un proceso que involucra tanto lo espiritual como lo físico, y en el que cada aspecto del universo está conectado a esa narración divina. Es esa su sabiduría la que alimenta nuestros sesgados conocimientos para que voluntariamente podamos acceder a nuestra transformación, que, siendo espiritual, se inicia con esas interacciones lingüísticas.
El Texto de Textos nos revela en Juan 5:39, “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.
Oremos para que el espíritu santo nos revele los misterios de la Palabra.



