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Mi Kabbala – Kislev 26, 5785 – Jueves 26 de diciembre del 2024.

¿Futuro?

El Texto de Textos nos revela en Genesis 2:2 Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.

Como hijos nos reencontraremos con Él en el octavo día, lo que quiere decir que nuestro proceso terrenal termina con la llegada del séptimo día de este milenio para nuestro retorno a casa, en donde los salvados por nuestro Señor Jesucristo por fe alcanzaremos nuestro Shemini atzeret, שמיני עצרת, mientras tanto nos preparamos para vivir a Su lado en ese instante eterno que inicio con Su resurrección, que será la nuestra lo que implica que nuestros actuales días no nos distraigan con sus alucinaciones para que se cumpla en nosotros esa trascendencia.

Nuestro Padre, El Eterno, נצחי, ha preparado para nuestro retorno como hijos pródigos todo un banquete celestial, por lo cual no hay mayor propósito en este mundo que entender que el primer día de la semana; cuando Él nos rescató de la muerte, se convierte a la vez en la invitación a no desfallecer hasta reencontrarnos con la eternidad la cual para nosotros será el octavo día, a Su lado, lo que se traduce en trabajar incansablemente en este plano terrenal para reintegrarnos a Él a través de Su obra en un presente que poco tiene que ver con el futuro terrenal, sino con ese más allá celestial.

La octava letra del alfabeto hebreo: heth, ח, nos reitera que nuestras palabras deben ajustarse a la suya, vibrar que transformará esa vieja forma de pensar que nos ata a esta generación pecaminosa, siendo necesario el volver a nacer, asumiendo lo trascendente como misión, para no seguirnos distrayendo en propósitos mercantiles ilusorios que nos esclavizan a las limitaciones de lo finito, logrando asì entrar en el ámbito de lo infinito para lo cual solo necesitamos esa fe que se traduce en amar a nuestros próximos como a nosotros mismos y lógicamente a nuestro Padre Celestial y Creador por sobre todo.

Aser, אָשֵׁר, felicidad, octavo hijo e Isacar, יששכר, Yissajar, recompensado, noveno hijo, de Jacob, nos recuerdan que nuestra meta se concreta al acercarnos más y más a Él siendo guiados por su Santo Espíritu, para que ese octavo día no sea el fin, alejándonos pero de esa vieja existencia, para ir más allá de ella, al octavo día el de las primicias, el de la eternidad. Lo que quiere decir que el Mesías debe renacer en nuestros corazones siendo básico que entendamos que cómo hijos Pródigos Él nos espera en casa para vencer todas las limitaciones y vivir a Su lado después del fin terrenal, ya en el ámbito de lo celestial.

Entender que no somos de este mundo y que Somos sus hijos, se traduce en que nos visionemos viviendo en ese octavo día, lo que significa el vivir más allá de la carne, בְּשַׂר, basar, más allá del mundo, más allá del yo exterior egocéntrico, más allá de lo viejo, en el más allá del ahora que disfrazamos de futuro, por lo cual ese debe ser nuestro único propósito, el sabernos sus hijos y por ende el reconocer que Él sigue esperando que nos dejemos guiar por su Santo Espíritu y retornemos a Su lado, para vivir el octavo día de la creación con Él recibiendo como recompensa la felicidad de sabernos suyos.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 6:5, Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado”.

Oremos para comprender que el Creador nos esta esperando en el octavo día.

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