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Mi Kabbala – Tevet 30, 5785 – Miércoles 29 de enero del 2025

¿Moradores?

El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 5:1, “guarda tus pasos cuando vas a la casa del Creador, y acércate a escuchar en vez de ofrecer el sacrificio de los necios, porque éstos no saben que hacen el mal”.

Los seres vivos necesitamos un espacio en donde nos sintamos parte, lo que traducido a nuestras creencias debería recordarnos el ser buscar ser uno con el Creador: el eterno, sin embargo el cambio de visión implica que debemos asimilar de mejor forma nuestra actual morada temporal en esta tierra en la cual coexistimos, para no vernos solo como seres físicos, ya que hacemos parte de un universo creado que esta más allá de nuestra temporalidad, viendo entonces el cielo, āmayim, שָׁמַיִם como lo que es, nuestro destino, nuestro llamado a elevarnos y trascender.

Es entonces nuestro cuerpo templo de Su Espíritu, מִקְדָּשִׁים, Mikdash, santuario en donde nuestra alma debe integrarse voluntariamente a Èl a través de esta Su obra, espacio que nos otorga todos los insumos que requerimos para reencontrarnos armónicamente con el todo y con todos, lo que significa además el devolverle a la vida un poco de lo mucho que recibimos de Él, atendiendo para ello Sus manifestaciones, las cuales nos dan luces de cómo transformar esos comportamientos egoístas que tristemente están en contra de dichos preceptos divinos y que alteran nuestras propias percepciones.

La Creación es una sola y así nos percibamos como partes fragmentadas de ella, no por ese motivo podemos dejar de apreciar que esa Su esencia se encuentra en cada partícula de este universo, moléculas con que intercambiamos más que información, lo que quiere decir que Él esta tanto en todos esos entornos con los que convivimos como en nosotros mismos, llamado para aportarle a estos espacios lo mejor de nosotros en vez de seguir proliferando esa ingratitud, todah, תודה, como solo denota nuestra falta de respeto y amor.

El concepto hebreo de: מעון, morada, nos lleva también a visionar nuestra relación y cercanía con nuestro Padre Celestial, siendo necesario el seguir las recomendaciones que nos da Él en su Palabra para poder alcanzar esa morada, que la alcanzamos al superar este tránsito temporal moviendo nuestra voluntad hacia esa nuestra casa eterna, proceso que nos llama a tratar a todas las personas con las que nos topamos, como partes de nosotros mismos, sabiendo que son partículas celestiales de la divinidad, a las cuales por lo tanto les debemos aportar siempre, sirviéndoles y no como regularmente lo hacemos otorgándoles nuestra indiferencia y agresiones.

Todos hacemos parte integral de esta creación y desempeñamos un rol dentro de ella lo que implica que en vez de seguir despertando sentimientos de apego hacia lo material lo hagamos hacia el Creador, llenándonos así de su misericordia: keter, la cual nos demuestra que ninguna partícula de esta creación es superior, ni inferior, sino que todo hace parte integral de Él y de su plan, de su raíz. Probablemente por ello, Jacob, יַעֲקֹב‎,‎ Yaʿaqōv, nos recuerda que cada ser vivo que comparte con nosotros este habitad, cumple con una razón de ser, así en nuestras sin razones no le encontremos explicaciones a ello.

El Texto de Textos nos revela en Juan 14:2, “en la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

Oremos para que esta morada diaria se asemeje a la eterna.

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