
Mi Parashá – Génesis 7:1
Hay diversos conceptos hebreos que, además de ofrecernos significados y perspectivas variados, como ocurre con otros lenguajes, vale la pena interpretar gracias a la guía del Espíritu Santo. De lo contrario, podríamos confundirnos aún más. Algunos estudiosos de este idioma hablan de “chok” (חוק) o “chukim” (חוקים) en plural, o “Jukat” (חֻקַּת), términos que se refieren a mandamientos o decretos divinos cuyo propósito o lógica no es necesariamente comprensible para la razón humana.
Recordemos que Su lenguaje es infinito e ilimitado y nuestra razón, por el contrario, es finita, por lo que sus mandatos se deben seguir por fe y obediencia, sin necesidad de entender su justificación o propósito. A diferencia de las leyes “mishpatim” (משפטים), basadas en la lógica y la ética, los “chukim” son mandatos que no tienen una explicación racional aparente y cuyo significado profundo a menudo es misterioso o simbólico.
Por ende, conceptos como “tzadik” (צַדִּיק), “justo”, se hacen difíciles de entender si los valoramos desde nuestra perspectiva de justicia, más aún cuando no estamos en perfecta alineación con la voluntad divina, sirviendo como canal de Sus bendiciones para el mundo. Es por ello que al releer la historia de Noé, no solo debemos verlo como parte de un grupo de seres justos, sino también aprender que, en tiempos de gran corrupción, es posible vivir de acuerdo con los valores divinos.
Desde esa perspectiva, nuestra arca como refugio espiritual puede ser incluso un espacio sagrado exterior donde la presencia divina nos proteja. Así, como justos “tzadik” (צַדִּיק), cuyo valor numérico es 204, nuestro liderazgo espiritual y moral sirve de ejemplo, siendo guías que inspiran a otros a seguir el verdadero camino de la justicia.
Por lo tanto, el arca “Hatéva” (הַתֵּבָה), con un valor numérico de 412, como estructura que contiene, protege y sirve de refugio durante el diluvio, ante todo nos llama a convertirnos en seres justos que viven una vida alineada con los valores divinos, incluso en un entorno desafiante. Noé es entonces un ejemplo de cómo uno puede mantenerse firme en sus convicciones y ser una fuerza de bien en medio de la corrupción.
No perdamos de vista, entonces, que más allá de nuestros significados lingüísticos de justicia o rectitud, estas virtudes no solo nos benefician a nosotros mismos, sino que también pueden salvar a quienes nos rodean. Esto nos llama a ser líderes morales en nuestras comunidades, a mantenernos firmes en nuestros principios y a buscar siempre la protección y la guía de lo divino en nuestras vidas.
Seguir dejando que nuestro lenguaje mundano y egoísta nos desconecte del Creador es simplemente vivir como en una especie de maldición, donde eso es lo que verbalizamos, terminando espiritualmente exiliados y necesitando de la purificación que, como en el caso de Noé, permita que nuestra arca, durante ese proceso de aislamiento, tal como el de los leprosos, se convierta en una oportunidad para la introspección y el arrepentimiento, buscando restaurar la pureza perdida.



