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Mi Parashá – Génesis 10:9

No es casualidad que dos versículos se dediquen a Nimrod, destacando su fama y poder como cazador y líder. Esta expresión, por su repetición y énfasis, nos invita a revisar con detenimiento el significado de dicha habilidad, pero sobre todo su posición “delante del Señor”, lo que sugiere que fue una figura de gran influencia y, a la vez, de enorme controversia.

Por ello, vale la pena analizar palabra por palabra para comprender mejor las enseñanzas que se nos proponen. El concepto הוּא (Hu) – Él, ה (He) = 5, ו (Vav) = 6, א (Alef) = 1, nos da un valor gemátrico de 5 + 6 + 1 = 12, lo cual nos permite entender que la visión divina es de integridad y totalidad. Si proyectamos este número a las 12 tribus de Israel o incluso a los 12 meses del año, nos indica que Nimrod representaba una figura completa y poderosa, cuya influencia abarcaba múltiples aspectos de la sociedad y la cultura de su tiempo.

Todo se entrelaza e integra, por lo que el concepto הָיָה (Hayah) – Fue, ה (He) = 5, י (Yod) = 10, ה (He) = 5, con un valor gemátrico de 5 + 10 + 5 = 20, debemos asociarlo a la redención. Esta expresión sugiere que la existencia y acciones de Nimrod tenían un propósito o significado más profundo en el plan divino, tal vez representando desafíos que llevarían al crecimiento y desarrollo de la humanidad.

Lo mismo ocurre con la palabra poderoso, גִּבּוֹר (Gibor) ג (Gimel) = 3, ב (Bet) = 2, ו (Vav) = 6, ר (Resh) = 200, cuyo valor gemátrico es 3 + 2 + 6 + 200 = 211. Al reducirse sumando sus dígitos: 2 + 1 + 1 = 4, simboliza estabilidad y fundamento. Esta perspectiva nos remite a las cuatro direcciones cardinales o a los cuatro elementos que consideramos conforman todo, por lo que esa fuerza de Nimrod proporcionaba una estructura sólida, y tal vez por ello dominaba en múltiples áreas, estableciendo fundamentos para futuras civilizaciones.

El concepto de cazador, צַיִד (Tzayid) – Caza/Cazador, צ (Tzadi) = 90, י (Yod) = 10, ד (Dalet) = 4, con un valor gemátrico de 90 + 10 + 4 = 104, al reducirse a 1 + 0 + 4 = 5, representa cambio y libertad. Nos ayuda a ver en esa habilidad de Nimrod un símbolo de dominio y control que debe comenzar en nosotros, para que el deseo de expandirnos y cambiar nuestro entorno, como metáfora de liderazgo y conquista, no termine despertando ambiciones desmedidas.

Al estar delante del Creador, לִפְנֵי יְהוָה (Lifnei Adonai), לִפְנֵי (Lifnei), ל (Lamed) = 30, פ (Pe) = 80, נ (Nun) = 50, י (Yod) = 10, con un valor gemátrico de לִפְנֵי: 30 + 80 + 50 + 10 = 170, al reducirse a 1 + 7 + 0 = 8, debe asociarse con lo sobrenatural y lo infinito. Esto nos llama a reconocer que nuestras acciones, como las de Nimrod, tendrán una significación y consecuencias que trascienden lo mundano.

El nombre del Señor es sagrado e impronunciable, יְהוָה (Adonai – Nombre Sagrado), י (Yod) = 10, ה (He) = 5, ו (Vav) = 6, ה (He) = 5, cuyo valor gemátrico es 10 + 5 + 6 + 5 = 26, representa la esencia divina y la unidad del Creador. Esto refuerza la idea de que las acciones de Nimrod estaban en relación directa con el plan y la observación divina. Sumando el total de la frase: 170 + 26 = 196, y reduciéndolo a 1 + 9 + 6 = 16, y luego 1 + 6 = 7, se nos simboliza la perfección y la completitud espiritual, la misma que se refleja en los siete días de la creación.

Esta lectura sugiere que, a pesar de las controversias, las acciones y el papel de Nimrod formaban parte de un plan divino más amplio y perfecto. כְּנִמְרוֹד (keNimrod) – Como Nimrod, כ (Kaf) = 20, נ (Nun) = 50, מ (Mem) = 40, ר (Resh) = 200, ו (Vav) = 6, ד (Dalet) = 4, valor gemátrico total de 20 + 50 + 40 + 200 + 6 + 4 = 320, que al reducirse a 3 + 2 + 0 = 5, se asocia con cambio y libertad.

Incluso la frase “como Nimrod” indica que su reputación como poderoso cazador se convirtió en un proverbio o ejemplo a seguir, influenciando a otros y provocando cambios significativos en la sociedad de su tiempo y en generaciones posteriores. Sin embargo, esa visión que nos aporta la gematría, sobre lo que debería haber generado en cuanto a estabilidad, cambio, completitud y una profunda conexión con lo divino, no se materializó.

Pero los planes del Creador son perfectos, y por ello Nimrod es retratado como una persona de gran poder y habilidad, para mostrarnos que, aunque se nos dan dones con propósitos específicos, nosotros tenemos la posibilidad de desviar nuestras habilidades hacia otros caminos, olvidando nuestra labor de construir y contribuir positivamente a nuestro entorno.

Está claro que nuestras acciones están siempre bajo la observación divina y que debemos actuar con conciencia y responsabilidad espiritual. Con Nimrod entendemos que podemos, igualmente, desalinearnos de esos valores éticos y espirituales elevados, incluso logrando fama, la cual afectó el legado que trascendió su tiempo, convirtiéndose en un ejemplo no muy positivo para los demás.

De Nimrod como ser poderoso debemos aprender a equilibrar nuestras fortalezas interiores, buscando la humildad y la sabiduría divina, ya que nuestros desequilibrios afectan ese liderazgo que, proponiendo cambio y libertad, simplemente destruye esos principios. Necesitamos un cambio de actitud que nos lleve a nuevas oportunidades y a un mayor desarrollo espiritual.

Debemos vivir de manera consciente y ética, utilizando nuestras habilidades y oportunidades para contribuir positivamente al mundo y acercarnos más a nuestra esencia divina.

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