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Mi Kabbala – Sivan 13, 5785 – Martes 10 de junio del 2025.

¿Interiorizar?

El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 18:32, “porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis”.

Mem (מ), es la décimo tercera letra del alfabeto hebreo e indica para quienes así lo quieran comprender, el flujo y el reflujo de los cambios causados por el nacimiento y la muerte, siendo esta M para otros alfabetos, un símbolo de regreso hacia el interior en pro de enseñarnos, que cada búsqueda refleja la posibilidad introspectiva de retornar a Su lado sabiéndonos parte de una coexistencia espiritual, por ello Mem, debe entenderse como símbolo de la corriente de la vida, del agua, la misma que nos revela lo que está oculto.

Desde la gematria la מ, representa entre otras cosas al número 40, que indica a la vez refugio, reposo, reflexión y hasta revelación, por lo que los estudiosos de estos temas aseguran que no es gratuito que el pueblo de Israel estuviera cuarenta años en el desierto y algunos creyentes asuman además que nuestro Señor Jesucristo tuviera cuarenta días de tentación y ayuno. Revisión que nos lleva a suponer también que cada ruptura, incluye una transformación, un pasaje y a veces una partida que simplemente es el comienzo de un nuevo ciclo y de una renovación, lo que nos lleva a concluir que todo en este mundo tiene que ver con coordinar nuestra voluntad a través de procesos reflexivos.

La muerte por lo tanto, solo es un cambio, necesario, verdad que nos indica también ese mismo signo lingüístico: Mem, que establece un vínculo entre el antes y el después de la creación. De allí provienen expresiones como Mayim (מָ֫יִם, agua), que en plural nos indica que todo es vida y que por lo tanto, este líquido se encuentra tanto arriba como abajo, lo que nos lleva también a asimilar que las aguas que se separaron el segundo día según el relato Bíblico, nos proyectan esa dualidad que caracteriza toda la materia y que penetra y nutre a todos los reinos de la naturaleza, siendo necesario que nosotros como creyentes también asumamos esas trasformaciones.

Quienes perciben en la letra Mem (מ) solo esa visión de muerte, obvian que este signo lleva implícito también el concepto de morir pero para renacer. Por lo que la muerte debe entenderse de alguna manera como el paso a una vida nueva, ya que somos eternos. Perspectiva que encierra tras ella misma todo un contexto de fertilidad y fecundidad, que va unido a otras palabras que nacen de esta letra como son: madre, origen, tierra, mar, agua, leche, sí, matriz (רָ֫חֶם, rékjem), lugar de gestación y nacimiento, lo cual desde una analogía mayor significa nuestro corto paso por esta tierra.

Entendiendo o no el trasfondo de estos simbolismos lingüísticos, todo conlleva a transformaciones sucesivas, cambios que impulsan la renovación y producen un renacimiento permanente, por lo que las múltiples preguntas que nos nacen a diario y que quizá no logremos responder solamente nos incitan a seguir fluyendo con la vida para que ojala la sabiduría divina nos toque, lo que a su vez implica que todas nuestras reflexiones nos induzcan a ver en estas y otras letras las experiencias de personajes como Jonás (יוֹנָה) Moisés o el mismo Mesías: nuestro Señor Jesucristo, quienes murieron para renacer. 

El Texto de Textos nos revela en II de Timoteo 2:11, “Palabra fiel es esta: si somos muertos con Él, también viviremos con Él”.

Oremos para que entendamos que la vida es eterna.

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