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Mi Parashá – Génesis 12:12

El temor de Abram lo lleva a prever que en Egipto podría ser asesinado debido a la belleza de Sarai, ya que se siente vulnerable, no solo físicamente sino también espiritualmente. A veces, las situaciones nos conducen a desconfiar del Creador y a suponer que las enfrentaremos sin Su apoyo, siendo indispensable buscar alinearnos constantemente con nuestros principios y valores, pero sobre todo con Su guía.

Egipto, en este contexto, representa un estado de constricción espiritual, donde las fuerzas del ego y la opresión dominan. Esto hace comprensible que Abram tema ser “visto” por los egipcios, quienes no valoraban lo sagrado y probablemente actuarían en contra de su visión divina.

Por ello, la palabra vehargu (“matarán”) refleja no solo la amenaza física que percibe Abram, sino también la posible pérdida de su misión espiritual. El miedo a la muerte, en este contexto, simboliza el temor a perder el propósito divino y la conexión con lo más alto. Al mismo tiempo, Abram es consciente de que su misión espiritual es crucial para el futuro de su descendencia y el plan divino.

La expresión “te vean” (יִרְאוּ, Yir’u), cuyo valor gemátrico es 287 (י = 10, ר = 200, א = 1, ו = 6), se refiere a algo más que la visión física; proyecta una percepción espiritual que no solo reconoce lo externo (la belleza física), sino también el egoísmo de los egipcios, quienes buscarán aprovecharse de la situación. No olvidemos que el pueblo HaMitzrim (הַמִּצְרִים), con un valor gemátrico de 380 (ה = 5, מ = 40, צ = 90, ר = 200, י = 10, ם = 40), representa las limitaciones y la opresión, siendo un lugar de prueba y exilio espiritual.

El número 380 está asociado con la restricción y el conflicto, sugiriendo que los egipcios representan fuerzas que limitan y desafían la libertad espiritual de Abram. Por eso la expresión “matarán”, וְהָרְגוּ (Vehargu), cuyo valor gemátrico es 214 (ו = 6, ה = 5, ר = 200, ג = 3), genera miedo en Abram, que teme por su vida, aunque la misma palabra nos habla de transformación.

Aunque Abram teme la muerte física, en un nivel más profundo, esto puede interpretarse como un temor a perder su misión espiritual en un entorno hostil. Tal vez por ello la expresión “a mí” (אֹתִי, Oti), con un valor gemátrico de 411 (א = 1, ת = 400, י = 10), está asociada con la búsqueda de la verdad (emet, que también tiene un valor de 441) y el propósito divino.

El miedo de Abram por su vida también puede entenderse como el temor a perder su propósito y su conexión con el Creador, lo cual va más allá de la mera supervivencia física. Se trata, entonces, de revisar nuestros propios temores cuando nos enfrentamos a situaciones en las que sentimos que nuestros valores o nuestra misión espiritual pueden verse amenazados.

Al igual que Abram, a veces podemos encontrarnos en entornos donde la percepción de los demás está desconectada de lo espiritual y enfocada en lo superficial. En esos momentos, debemos encontrar formas de proteger nuestra conexión con lo divino. El temor de Abram a ser asesinado por los egipcios también nos recuerda que la vulnerabilidad física y espiritual están entrelazadas.

Aunque la muerte no es solo un evento físico, sino una metáfora de la desconexión espiritual, es claro que debemos ser conscientes de los entornos en los que nos encontramos para proteger nuestra integridad espiritual, especialmente cuando enfrentamos fuerzas que pueden distraernos o alejarnos de nuestro propósito divino.

En la Cábala, toda belleza verdadera es un reflejo de la luz divina que emana desde las sefirot (las manifestaciones de Dios).

La mujer, en especial, está conectada con la sefirá de Maljut, que es la receptora y canalizadora de esta luz al mundo material.

Cuando la belleza de una mujer nos deslumbra, es porque en ella está fluyendo esa luz espiritual con intensidad, manifestándose en el plano físico.

El Zóhar explica que la belleza que deslumbra toca las fibras del alma. No es solo el cuerpo lo que llama la atención, sino una vibración interna que resuena en nosotros.

Esa vibración proviene de la armonía entre el alma y la luz divina que la habita. La mujer que irradia belleza espiritual despierta en el observador un reconocimiento inconsciente de esa luz.

La palabra hebrea para belleza, יופי (yofi), tiene un valor gemátrico de 86, que en la Cábala se asocia con el concepto de Yesod, la sefirá que conecta y transmite energía.

Esta conexión hace que la belleza pueda “transmitir” o “irradiar” energía espiritual hacia quienes la perciben, causando ese efecto de deslumbramiento.

En el Zóhar, la mujer es vista como el vehículo o canal de la Shejiná, la presencia divina femenina.

Cuando una mujer refleja una belleza que deslumbra, es una manifestación de la Shejiná que toca y eleva espiritualmente a quienes la rodean.

Esta belleza no es solo física, sino también espiritual y emocional, generando un impacto que trasciende lo visual.

El Zóhar también advierte que la belleza tiene un poder muy fuerte, y quien la posee debe usarla con humildad y conciencia espiritual para no caer en la superficialidad o el orgullo.

La belleza que deslumbra es un regalo para elevar a otros, un faro de luz, no un objeto de vanidad.

El deslumbramiento ante la belleza puede ser una invitación a mirar más profundo en nuestro propio interior, reconociendo la luz que todos podemos cultivar.

Nos llama a despertar y a valorar la verdadera esencia, más allá de la apariencia, y a buscar esa conexión espiritual que es la fuente de toda belleza.

La belleza que deslumbra es la manifestación externa de una luz espiritual profunda que emana desde la mujer como canal de la Shejiná y de la energía de Yesod.

Ese impacto toca el alma y nos invita a reconocer y aspirar a la luz interior que todos llevamos.

La Cábala y el Zóhar nos llaman a respetar y honrar esta belleza con humildad y conciencia.

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