
Mi Kabbala – Av 27, 5785 – Jueves 21 de agosto del 2025
¿Milenio?
El Texto de Textos nos revela en Génesis 2:3, “El Creador bendijo el séptimo día, y lo santificó, porque en ese día descansó de toda su obra creadora”.
Hay diversas explicaciones respecto de por qué el epicentro de la actividad sanadora de nuestro Señor Jesucristo fue la sinagoga de Cafarnaún, lo que nos lleva como creyentes a comprender que este lugar, sinagoga (beit Knesset, בית כנסת) es esa casa de reunión o espacio donde judíos o galileos se reunían a orar, dado que el viaje al Templo en Jerusalén era muy largo, propuesta que nos invita a buscar un escenario de encuentro con Él pero además a ser firmes en nuestras oraciones para depender de esa comunicación: fuente de cercanía e integración con Él y lo creado.
La oración (lehitpalel, לְהִתְפַּלֵּל) contiene una enseñanza clave: el guía nuestras vidas, por lo que no se trata de buscar la concreción de algún milagro, sino en sanar nuestro ser de nuestras impurezas, esas que nos denotan el porque algunas sinagogas se mantuvieron intactas con el tiempo para reiterarnos el poder de esta, lo cual nos llama a ver en estos escenarios más que lugares de culto, una especie de escuelas en donde aprendemos e incluso enseñamos con nuestro ejemplo lo que significa la palabra del Creador y como nos dejó Él esa herramienta de vida para nuestro crecimiento integral.
Las iglesias (knesiya, כְּנֵסִיָּה), como grupos de oración, además de contribuir a nuestro crecimiento integral gracias a este manual de vida que es la Biblia nos deben incitar a vivir en comunidad gracias a esas instrucciones morales que nos sirven para evaluar el cómo debemos comportarnos, quizá por ello ese séptimo día, Shabat o momento semanal de reposo, lo debemos visionar como la oportunidad que se nos da de alinear nuestras vivencias cotidianas con Su plan, dándole a ese día la connotación que merece para nuestra santificación, objetivo que como llamado, implica no solo acercarnos al Creador sino atender y escuchar Su guía, manteniéndonos dentro de sus propósitos.
Todos los días son para nuestro Creador, pero ese día santo nos llama a dedicarnos más a Él, siendo esta la mejor forma de ordenar nuestras vidas, escuchando Su Palabra, siguiendo sus mandatos y preceptos como eje central de nuestras experiencias, reconfirmando así nuestra alianza (brit, בְּרִית) con Él: pacto que además es de Él con nosotros, se trata además de conmemorar así nuestra creación, sabiéndonos parte de tan magnánima obra, sus hijos, expresión que en su profundo significado profético nos llama también a regresar a nuestro origen al lado de nuestro Creador, quien nos espera al descansar de Su obra para que disfrutáramos de ella.
En Shabat, además de cantos, Salmos y oraciones, debemos entonces descansar de nuestras labores, ya que la misma creación, en ese día eterno, encontrará su reposo, es por eso que el calendario nos habla de seis milenios de historia, los mismos que culminarán con el séptimo milenio, conocido como la era mesiánica, el cual comenzará en el año 6000 según el calendario hebreo. La palabra Shabat (שַׁבָּת) por ello, gramaticalmente significa “cese” o “descanso”, y representa la mayor esperanza para vislumbrar nuestro retorno y reposo eterno al lado de nuestro Mesías y Creador.
El Texto de Textos nos revela en Hebreos 4:11, “Esforcémonos, pues, por entrar en ese reposo, para que nadie caiga al seguir aquel ejemplo de desobediencia”.
Oremos para poder reposar a diario en el Creador.



