
Mi Kabbala – Tishrei 15, 5786 – Martes 7 de octubre del 2025.
¿Cuarenta?
El Texto de Textos nos revela en Levítico 16:29, “en el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. 30 Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante del Creador”.
El número uno (ajat, אחת) simboliza en hebreo a nuestro Creador, por ende el dos nos llama a la unidad, mientras el tres a esa integración, que para el cuatro representa el universo material, denotándonos a través del cero la idea y el propósito de nuestras pruebas o desafíos que debemos superar en pro de esa elevación, que se nos revela en estos signos que articulados a los lingüísticos nos incitan a confiar en que Él nos guía y siempre está con nosotros gracias a su amorosa misericordia, razón de peso para profundizar en el significado de estos mensajes que contienen sus manifestaciones.
Su Palabra contiene esas señales lingüísticas en las que nos recreamos a diario, pero que desatendemos por el mal uso que le damos a esta herramienta comunicacional. Quizá por ello la misma expresión que usamos para evocarlo: YHWH, a través de esos estudios numéricos, nos dice que 5+6+5+10+4+10, יד יהוה, nos indica de Su Mano, la cual siempre está apoyándonos, especialmente en esos momentos de dolor o angustia fruto de nuestro pecado. Basta una oración para que Su bondad eterna nos cobije, pero nosotros preferimos desobedecerle y asumir los efectos de nuestros engañosos aprendizajes.
Su Bondad (tova, חסד) implica por ende el perdonarnos hasta setenta veces siete, compasión con quienes nos hacen daño, actuando conforme a esa infinita misericordia divina, logrando así percibir en esos signos lingüísticos un crecimiento integral a través de nuestras interrelaciones, siendo el amor el que debe guiar nuestras decisiones cotidianas las cuales lógicamente deben nutrirse de Su Palabra. Oraciones que complementadas con intenciones de ayuno para con esos deseos pecaminosos, nos arrojaran insumos para alcanzar un arrepentimiento coherente a Sus propósitos fraternales y serviciales.
Más que sacrificios, el Creador espera esa reconciliación cotidiana a través de Su obra, restaurando nuestras búsquedas gracias a que nos acogemos a la guía de Su mano, la misma que nos acompaña para confiar en Èl, expiando nuestros errores y fallas para elevar nuestra conciencia, aliviando esos resentimientos milenarios que necesitan de dicha introspección y transformación, profundo examen personal que iluminará nuestro entendimiento, tal como nos lo propone el profeta Jeremías (Yirmeyahu, ירמיהו), quien nos pide transformar nuestro corazón, gracias a la misericordia divina.
El Árbol de la Vida, nuestro Señor Jesucristo, como símbolo de esa misericordia (rejem, רחם) divina, nos aporta los insumos para que entendamos la importancia del perdón tanto para con nosotros como con esos otros, costumbre maravillosa del pueblo escogido que debe multiplicarse en las nuevas generaciones, no solo pensando en dar esa piedad a quienes nos afectan, sino también en no dejarnos infectar por esas molestias, agresiones, insultos, daños o hasta olvidos que a diario nos agobian, transformando así nuestras existencias al lograr sanar nuestro corazón, fruto que estamos conviviendo, compartiendo, en vez de seguir compitiendo tras nuestras conveniencias egocéntricas.
El Texto de Textos nos revela Mateo 6:14, “porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”.
Oremos para que con nuestras acciones de perdón enseñemos a perdonar.



