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Mi Kabbala – Tishrei 19, 5786 – Sábado 11 octubre del 2025

¿Misterios?

El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 2:7, “Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes”.

La cábala y la gematría, tras muchos años de estudio, nos hablan de las sefirot (ספירות) o emanaciones: diez atributos a través de los cuales el Ein Sof (el Infinito), se revela a sí mismo y crea continuamente tanto el reino físico como la cadena de los reinos superiores, movimiento del rayo o haz de luz que al vibrar, activa los polos energéticos generando nuestras dimensiones de vida, las cuales se soportan en tres pilares: el derecho, que encarna la misericordia; el izquierdo, más pasivo que simboliza el rigor; y el central, el equilibrio, principios o esplendores ocultos que le otorgan a nuestra voluntad las condiciones para que podamos reconocernos en Él desde este escenario contraído.

Estructura básica de nuestras vidas, que al desentrañarse, nos presenta a la divinidad a través de sus atributos o arquetipos, pilares que en sus diez manifestaciones nos proyectan otra realidad de la cual tan solo percibimos un reflejo. Kéter (כתר), la corona, sefirá situada en la cúspide del Árbol, es la representación del Creador; en Jojmá (חכמה), Su sabiduría; en Biná (בינה), nuestro entendimiento; en Jésed (חסד), Su misericordia; en Guevurá (גבורה), Él es nuestra fortaleza; en Tiféret (תפארת), lo bello está en Él; en Netsaj (נצח), nuestra victoria es la eternidad; en Hod (הוד), Su esplendor nos guía; en Yesod (יסוד), todo se fundamenta en Él; estando en Maljut (מלכות), Su reino, nuestra morada, por lo que necesitamos guiarnos por los signos semánticos de Su Palabra.

Todo nos habla del Creador y de nuestra necesidad de Él. Por ello, nuestro proceso de vida nos lleva a recorrer esos senderos o caminos (oraj, ארַַח): veintidós según los eruditos, los cuales proyectados como signos lingüísticos o ramas de las sefirot, iluminan a través de sus interacciones nuestros imaginarios, lo que hace que ese alfabeto con sus chispas, nos oriente en pro de retornar al Edén, lo que para nosotros los creyentes requiere además de mucha oración y de la guía del Espíritu Santo para que esa irradiación se traduzca en reconocernos en Él a través de esta Su obra.

Somos parte de esa esencia divina, lo cual nos revela el verdadero sentido de trascendencia de nuestras existencias, siendo nuestro Señor Jesucristo quien rompió dicho velo (pargod, פרגוד) o cortina cósmica, primer estado de manifestación, que en las sefirot se reconoce como Kéter para reordenar las otras nueve esferas o emanaciones, las cuales se complementan de diferentes formas, reproduciendo esa estructura jerárquica que armoniza y guía hacia nuestro destino final, al reconocernos como Sus hijos.

Miqueas (מִיכָה, Mijá) nos llama a buscar conocer más cada día del Creador y a confiar en Él, entendiendo que nuestro lenguaje limitado y finito nos mantiene presos de esta dimensión caída, alejados del Creador, lo que significa entender que solo a través de esa oración como canal de comunicación podemos nutrirnos de ese Árbol de la Vida, el cual con sus sefirot y sus senderos, demarca nuestros aprendizajes en pro que crezcamos a Su lado, compartiendo de Su amor, el mismo que nos aporta más elementos para poder retornar a ese nuestro destino final celestial a Su lado.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 1:9, “Habiendo dicho esto, mientras ellos lo miraban, fue llevado a las alturas hasta que una nube lo ocultó de su vista.

Oremos para comprender mejor el amor de nuestro Creador. 

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