
Mi Kabbala – Tamuz 10, 5786 – Jueves 25 de junio del 2025
¿Pan?
El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 8:3, “se humilló y te hizo pasar hambre, pero luego te alimentó con maná, comida que ni tú ni tus antepasados habían conocido, con lo que te enseñó que no solo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor”.
El pan ha sido y será uno de los alimentos más consumidos históricamente. Por ello, para algunas culturas es símbolo de sabiduría, tanto, que para esas creencias es un alimento escatológico el cual nos lleva a la Palabra de nuestro Creador. Nuestros hermanos judíos por ello, lo combinan en su preparación con masa de levadura vieja, de la cosecha anterior, como símbolo de pureza. Generando con esa masa nueva, un acto supremo, el mismo con el que se conmemora durante la fiesta de Pesaj: pan ácimo (matzá, מַצָּה), que en dicha celebración es símbolo para remembrar esa salida de la esclavitud Egipcia.
No es casualidad que, desde esa perspectiva, nuestro Señor Jesucristo haya nacido en el pequeño pueblo de Belén, la misma ciudad de la que proviene el Rey David, cuyo nombre, Beyt-lejem (בית לחם) significa “casa del pan”. Menos aún y no es casualidad, que nuestro Mesías haya multiplicado cinco panes para alimentar a cinco mil personas, mientras se definía como el pan de vida, el cual saciará nuestra hambre espiritual. Lecciones que están en la Biblia para que nosotros nos nutramos con ellas, asumiendo además que hay mejores nutrientes que aquellos físicos de nuestra dieta alimenticia.
Todo nos alecciona y nos guía, y cada versículo que releamos debe llevarnos a sabernos parte del gran árbol de la vida, el cual, en sus ramas, nos presenta ricos frutos que alimentan nuestras existencias. Nutrientes que de alguna forma nos explican, por ejemplo, por qué pasó Él la mayor parte de su infancia en el pequeño pueblo de Nazaret (נצרת), palabra que contiene la raíz Netzer (נצר) que significa “rama”, en alusión a la profecía mesiánica sobre el futuro rey davídico, un retoño del cual de sus raíces brotará una rama que dará fruto: pan de vida que nos alimenta, más que cualquier otra cosa que consumamos.
Lección que nos muestra por qué, después de celebrar la fiesta de la Pascua en Jerusalén, nuestro Señor Jesucristo fue a rezar a un jardín llamado Getsemaní, prensa de aceitunas, (gat shemen, גת שמן) dejándonos claro que es la presión, en este caso para su inminente arresto y posterior crucifixión en la cima del Gólgota (גלגלתא, calavera) la que nos lleva a confiar más para así poder superar esa copa. Enseñanzas que con sus dosis espirituales nos otorga Él como pan de vida, y de las cuales debemos retroalimentarnos constantemente para que nuestras vivencias cobren otro sentido: uno más trascendente.
El mismo concepto de levadura (חָמֵץ, chamets) nos incita a comprender que dependemos a diario de Él para que todas nuestras impurezas no nos dañen. Así que se trata de asimilar cada una de las muchas revelaciones con las cuales debemos crecer, de tal manera que ese logremos que ese pan, que significa el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, y que consumimos cuando leemos y releemos la Palabra del Creador, retroalimente nuestro entendimiento. Así, cada circunstancia que afrontemos y cada persona con la que nos relacionemos, nos permitirá más que degustar de ese fruto, de esa rama; el reconocer en toda su esencia, su guía y amoroso plan.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 4:4, Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del Creador”.
Oremos para degustar a diario del pan de vida y saciarnos de Èl.



