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Mi Parashà – Génesis 15:6

Este versículo describe la importancia de la fe en nuestras vidas, lo cual hace que Abram sea el padre de nuestras creencias, modelo genético para mantenernos firmes en las promesas divinas, se dé o no la respuesta pronta de nuestro Creador. Él es quien valora y considera si lo que estamos anhelando está acorde a su justicia y a la rectitud que espera en nosotros.

Modelo de confianza, emuná (אֱמוּנָה), cuyo valor gemátrico es 102, que es uno de los pilares fundamentales de nuestras creencias, ya que es esa confianza en lo que no podemos ver la que nos otorga la certeza de reconocer que Él nos guía y siempre está presente en nuestros caminos de vida.

La fe de Abram se considera como una energía activa que establece una conexión directa con el Creador, y el valor de 102 resuena para hablarnos de conceptos de unidad y armonía en el universo. La fe de Abram lo alinea completamente con el propósito divino, por lo que la expresión tzedaká (צְדָקָה), con un valor de 199, que significa justicia o rectitud, nos habla igualmente de la generosidad, la misma que se debe traducir en el día a día en un acto de dar.

La justicia no solo tiene que ver con la legalidad o la rectitud moral, sino también con la caridad y el servicio a los demás. El hecho de que la fe de Abram se cuente como justicia implica que su confianza en el Creador es un acto de entrega y apertura hacia el plan divino. No debemos perder de vista que la fe es una herramienta transformadora, y Abram no solo cree en la promesa del Creador, sino que su fe se convierte en un acto de justicia.

Esto sugiere que la fe no es pasiva, sino que activa una energía que cambia tanto a la persona que cree como a su entorno. En este caso, la fe de Abram está alineada con el plan divino, lo que le permite recibir la promesa de una descendencia numerosa, pero también ser un canal de justicia en el mundo, dándole a esta una dimensión más amplia como reflejo de la armonía entre el hombre y el Creador.

Cuando una persona tiene fe genuina, esa fe se convierte en un acto de justicia, no solo porque es lo correcto, sino porque restablece el equilibrio entre lo humano y lo divino. Así es como la fuerza de nuestra fe debe llevarnos más allá de una creencia abstracta, para que esa energía activa cambie nuestras vidas y nuestra realidad.

Abram creyó en algo que parecía imposible desde una perspectiva humana (tener descendencia a su avanzada edad), y esa fe le fue contada como justicia, es decir, como un acto de alineación con el propósito divino. Cuando confiamos en lo que está más allá de nuestras limitaciones visibles y terrenales, esa confianza puede llevarnos a una transformación profunda.

La fe en lo divino también nos convierte en canales de justicia en el mundo, la cual no se limita a la ley o la moralidad, sino que abarca también la generosidad y el servicio a los demás, lo que eleva tanto a quien da como a quien recibe. Por ello, cuando enfrentemos desafíos o incertidumbres, recordemos el poder de la fe para transformar nuestra realidad.

Al igual que Abram, nuestra confianza en un plan divino mayor puede ayudarnos a superar las limitaciones visibles y abrirnos a nuevas posibilidades. Además, esa fe debe manifestarse en acciones que reflejen justicia y compasión, de modo que podamos ser agentes de equilibrio en el mundo, construyendo y restituyendo esta tanto en nuestras vidas como en las de quienes nos rodean, permitiéndonos alinearnos con el propósito divino y actuar con justicia en todos los aspectos de nuestras vidas.

Fe = Emuná = Conexión por encima de la lógica. Abraham cree en la promesa divina, aunque su realidad (vejez, esterilidad de Sara) la contradecía por completo. En la Cábala, esta fe se llama “Emuná Ilaá” — fe superior, más allá del razonamiento. Esta fe es una herramienta que trasciende las leyes de la naturaleza y conecta al ser humano con la Luz Infinita (Or Ein Sof).

“Justicia” aquí no es solo una recompensa moral. En la Cábala, Tzedakah es una sefirá espiritual conectada con el canal divino de Jesed (misericordia). Dios “cuenta la fe como justicia”, es decir: Abraham activó un canal cósmico de Jesed, al confiar sin prueba, permitiendo que la Luz fluya sin juicio ni mérito previo.

“והאמן ביהוה ויחשבה לו צדקה”:

והאמן (Vehe’emin) = 103

ביהוה (BaYHVH) = 26 (el Nombre de Dios)

ויחשבה (Vayachsheveha) = 327

לו (Lo) = 36

צדקה (Tzedakah) = 199

Total: 103 + 26 + 327 + 36 + 199 = 691

691 es el mismo valor que la palabra hebrea תשובה + אהבה = Teshuvá (retorno) + Ahavá (amor). תשובה (Teshuvá) = 713, אהבה (Ahavá) = 13, pero si se toma la forma reducida (Teshuvá escrita como תושבה sin la he), da: ת (400) + ו (6) + ש (300) + ב (2) + ה (5) = 713 → con variantes se relaciona también a 691 en gematriot pequeñas o simplificadas (Mispar Katan). Esto muestra que la fe de Abraham activa una energía que combina retorno espiritual (Teshuvá) y amor (Ahavá), que es lo que transforma la realidad espiritual de una persona.

La fe crea justicia en el mundo: Cuando una persona actúa con fe genuina, incluso sin ver resultados, activa energías espirituales de compasión, equilibrio y redención. Esa fe transforma el juicio en justicia misericordiosa (tzedakah) — tanto para uno mismo como para el entorno.

Fe como generadora de luz. En la Cábala, la Emuná no es pasiva: es una herramienta creativa. La persona que cree, sin ver, libera Luz oculta en su vida.

La fe puede reemplazar méritos. Abraham aún no tenía acciones que justificaran las promesas. Pero su fe fue suficiente. Esto enseña que la fe sincera puede “contar como mérito”, incluso antes de que haya evidencia o resultados visibles.

Imitar a Abraham: El camino del Tikún. Nosotros, como creyentes, somos herederos del alma de Abraham (ver Isaías 41:8: “Abraham, mi amigo”).

La tarea espiritual es heredar esa fe activa, y aplicarla en decisiones, relaciones, incluso en la oscuridad o el dolor.

La fe de Abraham, contada por justicia, significa que cuando el alma confía plenamente en la Luz, incluso sin ver cómo o cuándo, activa una energía que puede cambiar el decreto, abrir caminos imposibles, y transformar juicio en misericordia.

La fe no es solo creer que algo va a pasar. Es conectarse con el infinito, incluso cuando todo parece cerrado.

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