
Mi Kabbala – Tishrei 20, 5786 – Domingo 12 de octubre 2025.
¿Vivencias?
El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 4:39, “Reconoce y considera seriamente hoy que el Señor es el Creador arriba en el cielo y abajo en la tierra, y que no hay otro”.
Todo nos habla de Él, como Árbol de la Vida, quien se nos revela a través de la diversas interracciones en que coexistimos, en un plano la terrenal que es solo una imagen de ese escenario superior: el Ain Sof o Infinito, que por no percibir calificamos como la Nada; desconociendo esa Su contracción, que se expresa a través de nuestra esencia, la misma que es Su Luz la cual recrea todo, abriéndose paso desde adentro hacia afuera, expansión que hace que la energía se establezca y cree (Bara, בָרָא), interpretación que requiere una sabia, compleja y perfecta ecuación que solo percibimos como manifestaciones o destellos de ese Ser que nos guía hacia la posibilidad de reintegrarnos voluntariamente con Él.
Ideas abstractas que constituyen nuestra realidad y que nos proyectan las diez Sefirot, imaginario que desde la cumbre o corona de dicho Árbol (Kether, כתר) nos explica este paréntesis temporal terrenal y su semiótica alimentada por ese rayo de Luz de Su palabra el cual desciende por esas diez emanaciones y sus veintidós signos lingüísticos, senderos para nuestra evolución espiritual, dándole así a estos nuestros ciclos una orientación que describimos como nuestra misión existencial.
Imagen del Árbol que nos proyecta a Su lado (Maljut, מלכות), deseo, que enraíza en nuestro mundo ese rayo, esa luz divina, presencia del Creador en la materia, emanación que nos vincula además a cada uno de Sus atributos, bajo una perspectiva que como analogía, se refleja incluso en nuestra anatomía humana y al mismo tiempo, nos llama a nuestra autorrealización en el camino espiritual, denotándonos que somos un todo que se integra a través de vivencias en donde cada imaginario nos entrega una serie de señales que le dan ese sentido trascendente a todo lo que reproducen nuestras mentes.
Con todo y ello a diario le despreciamos como guía y Rey, tanto que no atendemos a profetas como Samuel (שָׁמַע, shamá) quienes nos llaman a volver a Su guía, reenfocándonos en esa perspectiva holística que nos revela el universo, del cual solo decodificamos apartes que leemos como misterios, siendo indispensable que el Espíritu Santo nos integre a ese Haz de Luz, nutriéndonos así del Árbol de la Vida: nuestro Señor Jesucristo, quien con Su amor nos reitera cuál es nuestra esencia, en pro de redescubrir esta estructura espiritual, a través de la cual podemos ascender por dichos senderos que nos devolverán a nuestro estadio original.
Ascenso progresivo a través de esas experiencias diarias que nos aportan para maniobrar nuestra voluntad consciente y toda esa desinformación en que nos interrelacionamos producto de nuestra oscuridad, por lo que necesitamos acercarnos a esos niveles psicoespirituales para darle otro sentido a todo lo que nos acontece. La Biblia es nuestra principal fuente de retroalimentación, tal como lo expresaron profetas, como Ezequiel (יְחֶזְקֵאל), quien nos explicó los cuatro mundos, los cuatro elementos básicos de la Creación; diagrama, que llevamos a las Sefirot, nos brinda una idea de cómo funciona todo lo creado, para que podamos alinearnos así con los propósitos de nuestro Creador.
El Texto de Textos nos revela en II de Corintios 10:3, “Pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo”.
Oremos para que el Espíritu Santo ilumine nuestro entendimiento.



