
Mi Parashá – Génesis 17:2
El concepto de “pacto” (בְרִית, berit) o “alianza” nos transmite la idea de un vínculo profundo entre lo humano y lo divino, un compromiso mutuo que va más allá de un simple acuerdo. En este caso, el Creador le está prometiendo a Abram no solo una relación, sino un compromiso eterno que afectará tanto su vida como la de sus descendientes. Este pacto es una manifestación de la unión entre lo superior (lo divino) y lo inferior (lo humano), conectando el cielo y la tierra a través de la fidelidad y la integridad.
La expresión “entre mí y tú” (בֵּינִ֣י וּבֵינֶ֑ךָ) subraya la naturaleza personal y directa del pacto, denotando esa relación fraternal entre el ser humano y su Creador. No es una relación abstracta; es una conexión personal e íntima. Al decir “entre mí y tú”, Él le está hablando a Abram de manera directa, reforzando la idea de que cada individuo tiene la capacidad de establecer una relación profunda y única con lo divino.
La promesa de multiplicar (אַרְבֶּ֥ה, arbeh) a Abram “en gran manera” (בִּמְאֹד מְאֹד, bim’od me’od, que literalmente significa “mucho, mucho”) es tanto física como espiritual, ya que no se refiere solo a la cantidad de descendientes físicos, sino también a la expansión de la energía divina a través de las generaciones. Por ello, la promesa de multiplicación simboliza la expansión del linaje de Abram, no solo en términos numéricos, sino también en términos de la influencia espiritual y la difusión de la luz divina en el mundo.
Este versículo es el segundo del capítulo, y el número 2 en la cábala representa la dualidad y la relación entre opuestos, como el cielo y la tierra, el bien y el mal, lo espiritual y lo físico. En este caso, el pacto entre el Creador y Abram refleja una unión de estos aspectos duales, perspectiva que además nos sugiere la idea de equilibrio y armonía en las relaciones, lo cual es esencial para el pacto que se está estableciendo. Este número refuerza la idea de que la relación entre lo divino y lo humano requiere reciprocidad y compromiso mutuo.
Este versículo nos enseña sobre el poder del compromiso y la relación con lo divino. El pacto que el Creador ofrece a Abram es un recordatorio de que cada uno de nosotros tiene la capacidad de establecer una relación profunda con Él, basada en la fidelidad y la integridad. Por ello, la vida espiritual no es pasiva; es una alianza activa entre lo humano y lo divino, que requiere participación consciente y dedicación.
Además, la promesa de multiplicación nos recuerda que nuestras acciones no solo afectan nuestras vidas, sino que tienen un impacto en el mundo y en las generaciones futuras. Al mantener nuestro compromiso espiritual, contribuimos a la expansión de la luz y la energía divina en el mundo, reconociendo con ello el impacto de nuestras acciones en el flujo de la energía espiritual.
En la Kabalá, el tiempo lineal (zman) es una herramienta creada, no una esencia divina.
El Ein Sof —la Infinidad de Dios— no está en el tiempo, sino que el tiempo está “en Él”, como una forma de percepción limitada.
Por eso, desde la visión cabalística, las promesas del Creador no son eventos futuros, sino realidades ya cumplidas en el plano de la eternidad (olam ha’atzilut).
Nosotros las percibimos “en proceso” porque vivimos dentro del olam ha’asiyah (el mundo de la acción), donde el tiempo fracciona lo que en su origen es uno.
Zóhar, Bereshit 15b: “No hay antes ni después en la Torá, porque toda la Torá es un solo Nombre del Santo, Bendito Sea.”
Aquí se expresa que las palabras, historias y promesas no se ordenan cronológicamente, sino energéticamente: cada palabra manifiesta una emanación divina (sefirah) activa eternamente.
Las promesas como emanaciones del Ein Sof
Cada promesa divina —por ejemplo, la de redención, la de bendición, la de presencia divina— corresponde a un flujo (shefa) desde una sefirah.
Jesed (Misericordia): promesas de amor, compasión, abundancia.
Guevurah (Justicia): promesas de corrección, disciplina, restauración.
Tiferet (Belleza): unión de ambas, equilibrio, armonía.
Desde el punto de vista eterno, las promesas no son “cosas que Dios hará”, sino “realidades de Su Ser”. Cuando el ser humano las experimenta, no está viendo a Dios actuar en el tiempo, sino revelándose en el alma.
El número como puerta a la eternidad
La guematría muestra que detrás del lenguaje hay una estructura numérica que apunta a lo eterno.
El número, al ser abstracto y sin materia, pertenece al orden eterno, donde no hay cambio.
Por ejemplo: La palabra “emuná” (fe) = 102.
1 + 0 + 2 = 3 → Tiferet, el equilibrio.
La fe, entonces, no es creer que algo sucederá, sino entrar en el equilibrio de lo que ya es.
La guematría nos enseña a leer la Torá como un mapa de energías, no de cronologías.
El tiempo como escenario pedagógico
El Talmud, con su insistencia en la interpretación y la dialéctica (machloket), muestra que el tiempo es el espacio del aprendizaje.
El Creador, al ocultar la plenitud eterna dentro de la historia, permite que el alma participe en la revelación.
Por eso, las promesas “no cumplidas” no son fallas, sino invitaciones al despertar espiritual.
El Sotah 48a dice: “Desde el día en que el Templo fue destruido, el Santo, Bendito Sea, no tiene sino los cuatro codos de halajá.”
Esto se entiende como que lo eterno ahora habita en el espacio interior de la conciencia que busca la verdad (halajá como camino, no solo ley).
Si leemos la Biblia desde la eternidad, cada promesa no es “pasado o futuro”, sino “presencia”.
Cuando Dios dice a Abraham “Lej lejá” (Génesis 12:1), no solo le habla entonces: esa voz sigue resonando eternamente en todo ser humano que sale de su tierra interior.
Por eso el Zóhar dice que “la Torá habla siempre del alma”, no de la historia.
Las promesas son dinámicas eternas de retorno, unión y revelación del Uno.
Vivir la eternidad en el instante
El desafío cabalístico es vivir en el tiempo sin quedar atrapado en él.
Cuando meditamos, estudiamos o actuamos con conciencia, unimos lo temporal y lo eterno:
El acto ocurre en el tiempo.
La intención (kavaná) abre la puerta a lo eterno.
El sabio del Zóhar diría: “Las promesas de Dios son cumplidas cuando el hombre despierta a su eternidad”.
En resumen:
| Nivel | Perspectiva temporal | Perspectiva eterna |
| Biblia | Historia y palabra divina en el tiempo | Energía viva y revelación constante |
| Talmud | Debate sobre la ley | Expresión del proceso del alma |
| Guematría | Valor numérico de las letras | Vibración eterna del Nombre Divino |
| Kabalá | Explicación mística del mundo | Estructura del ser y retorno al Uno |
| Zóhar | Comentario sobre la Torá | Mapa de la conciencia divina |



