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Mi Parashà – Génesis 19:5

Este versículo describe un momento crucial en el relato de Sodoma y Gomorra, en el cual los habitantes de la ciudad exigen a Lot que entregue a sus huéspedes, con intenciones violentas y depravadas. Desde la perspectiva de la Cábala, este versículo puede interpretarse como una manifestación de las fuerzas destructivas que intentan destruir la pureza espiritual. La casa de Lot representa el refugio de lo sagrado en un mundo corrupto.

La expresión “le dijeron a él”, וַיֹּאמְרוּ לוֹ (Vayomru lo), se relaciona en gematría con el verbo “decir”, que tiene un valor de 247, asociado a la energía verbal y el poder de las palabras. Tanto las palabras positivas como las negativas tienen el potencial de crear o destruir. Por otro lado, el concepto de “conocer” (נֵדְעָה, Neda’ah) tiene una connotación negativa en este contexto, pero en términos cabalísticos, el verbo “conocer” también puede relacionarse con la intimidad y el conocimiento profundo.

El valor numérico de “neda’ah” es 79, lo cual se conecta con procesos de revelación y ocultamiento, donde la intención detrás del conocimiento define su valor espiritual. Por ello, este versículo nos invita a reflexionar sobre las influencias externas que intentan destruir nuestra integridad espiritual. La casa de Lot puede verse como un símbolo de nuestro propio refugio interior, protegido de las fuerzas negativas que intentan desestabilizarnos. Debemos ser conscientes de las intenciones que nos rodean y de cómo enfrentamos las energías destructivas.

El análisis gemátrico también sugiere que nuestras palabras y acciones, como las de los hombres de Sodoma, tienen un impacto profundo. Así, este versículo nos insta a usar el poder del lenguaje de manera constructiva, buscando siempre el bien y protegiendo lo sagrado en nosotros.

Esta reflexión nos invita a estar alerta y comprometidos en la protección de nuestro espacio espiritual, encontrando fortaleza en la conexión con lo divino y rechazando influencias que nos alejan de nuestro propósito.

Hay ocasiones en que nuestra impaciencia nos lleva a suponer que hay “tardanza divina” y que ese silencio divino ante el mal va en contra de lo que interpretamos como justicia, al punto que algunas personas lo ven como indiferencia celestial, cuando realmente deberíamos entender la estructura y funcionamiento de un universo frente al libre albedrio humano quien es el que parece oponerse a los propósitos universales.

El concepto de Erekh Apayim (Paciencia Divina)

En la Biblia y el Talmud, se describe a Dios como Erekh Apayim, que literalmente significa “largo de rostros” o lento para la ira.

La oportunidad del retorno: El Talmud enseña que Dios espera hasta el último momento para dar lugar a la Teshuvá (retorno o arrepentimiento). Si la justicia fuera instantánea, el libre albedrío desaparecería, pues actuaríamos por miedo al castigo inmediato y no por convicción ética.

El límite de la medida: En el caso de Sodoma, por ejemplo, el texto bíblico dice: “Descenderé ahora y veré si han consumado su obra…”. La cábala explica que el juicio solo desciende cuando la “copa de la iniquidad” está llena, es decir, cuando el mal se ha vuelto una estructura irreversible.

El libre albedrío y el Tzimtzum (Contracción)

Desde la Cábala y el Zohar, el concepto de Tzimtzum es fundamental. Para que el hombre exista como un ser independiente, Dios tuvo que “retirar” Su presencia revelada.

Ocultamiento de la cara (Hester Panim): Si la intervención divina fuera constante y evidente, el mundo sería un teatro de marionetas. El mal tiene permiso de existir para que el bien sea una elección real.

El pan de la vergüenza: El Zohar explica que el alma humana no quiere recibir “regalos” (paz y luz) sin haberlos ganado. La lucha contra el mal, y el aparente silencio de Dios, es el espacio donde el hombre construye su propia estatura espiritual.

La perspectiva de la Gematría: El juicio y la misericordia

En la tradición hebrea, los nombres de Dios representan diferentes atributos:

Elohim (Gematría 86): Representa el juicio y las leyes de la naturaleza. Es el nombre usado en la Creación. Bajo este nombre, el mundo opera bajo “causa y efecto”, lo que a veces parece una demora porque sigue procesos naturales lentos.

YHVH (Gematría 26): Representa la misericordia y la intervención más allá del tiempo.

La interacción entre estos dos nombres explica por qué el castigo no es inmediato: la misericordia (Chesed) “frena” al juicio (Gevurá) para dar espacio a la existencia. Sin este equilibrio, el mundo sería destruido en un segundo debido a las imperfecciones humanas.

El “Tikún” o la elevación de las chispas

El pensamiento cabalístico sugiere que incluso en el mal absoluto (como en Sodoma o antes del Diluvio), hay “chispas de santidad” atrapadas.

Dios permite que el proceso continúe hasta que esas chispas son rescatadas (como Lot en Sodoma).

A veces, el mal debe manifestarse plenamente para que su raíz sea cortada desde el origen, en lugar de solo reprimir sus síntomas.

El “retraso” no es falta de control, sino espacio educativo. Se nos permite actuar de forma malvada para que enfrentemos la responsabilidad de nuestras acciones. Como dice el Talmud: “Todo está en manos del Cielo, excepto el temor al Cielo”. Esa pequeña parcela de libertad es la que Dios respeta, incluso a un costo que a nosotros, desde nuestra finitud, nos parece insoportable.

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