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Mi Parashà – Génesis 19:28

Este versículo describe el momento en que Abraham, tras la destrucción de Sodoma y Gomorra, mira desde lejos y observa el humo que asciende de la tierra como el humo de un horno. La imagen del humo elevándose es poderosa y simbólica en el contexto cabalístico. Aquí, el humo (קִיטֹר, kitor) simboliza la consecuencia del juicio divino, que purga la corrupción y el mal de la tierra. La escena nos muestra la severidad del juicio divino, pero también nos invita a reflexionar sobre la purificación que conlleva.

En la cábala, el humo y el fuego representan las fuerzas purificadoras de Dios, que destruyen lo corrupto para dar lugar a lo nuevo. El “horno” mencionado en el versículo (כִּבְשָׁן, kivshan) tiene una connotación tanto de juicio como de transformación. En un horno, las cosas se moldean y se purifican bajo el calor; en este caso, la destrucción de Sodoma es una purificación para la tierra y la humanidad.

La palabra כִּבְשָׁן (kivshan) tiene un valor gemátrico de 372, lo cual, en algunos contextos cabalísticos, se asocia con la idea de la totalidad y el cierre de ciclos. El fuego del horno puede interpretarse como un símbolo de transformación completa y purificación total. Esta gematría nos invita a considerar cómo los juicios divinos no solo destruyen, sino que también renuevan y preparan el terreno para un nuevo comienzo.

El versículo no solo describe una destrucción física, sino también un proceso de renovación espiritual. Sodoma y Gomorra simbolizan la corrupción extrema, y su destrucción es un acto necesario para restablecer el orden divino. El humo que Abraham ve ascendiendo desde la tierra puede entenderse como un símbolo de las almas que, al ser purificadas por el juicio divino, buscan regresar al Creador. La cábala sugiere que incluso los actos más severos de justicia divina tienen un propósito redentor.

Además, este versículo nos invita a reflexionar sobre el papel de Abraham como observador, quien, aunque no interviene en la destrucción, es testigo de la severidad del juicio divino. Como representante de la bondad y la misericordia (chesed), Abraham nos muestra que, aunque debemos abogar por la compasión, también debemos aceptar que, en algunos casos, la purificación es necesaria.

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