
Mi Parashá – Génesis 20:4
El nombre hebreo Abimelec se descompone en “אב” (Av), que significa “padre”, y “מלך” (Melej), que significa “rey”. Esto indica que Abimelec no es solo un nombre, sino que encarna la figura de un “padre rey”, un gobernante que mantiene una relación cercana con su pueblo. Por ello, él se dirige al Creador como Adonai (אֲדֹנָי), invocando así la energía de la misericordia y el juicio equilibrado.
En hebreo, “goy” (גוֹי), que significa “nación”, hace referencia a la responsabilidad colectiva de sus acciones, una idea recurrente en la cábala que relaciona la redención colectiva con la responsabilidad individual y comunitaria. El concepto de tzadik (צַדִּיק), “el justo” o “inocente”, representa no solo a una persona recta, sino a alguien que sostiene el mundo espiritualmente a través de su rectitud.
El valor numérico de tzadik es 204, y se asocia con los conceptos de juicio y misericordia divina. Al relacionarse con hagoy (הגוֹי), cuyo valor es 24, se genera la idea de un ciclo completo de 24 horas en el que juicio y misericordia se manifiestan de manera constante en el universo.
Este versículo nos introduce en la justicia divina y cómo esta afecta no solo al individuo, sino también a las naciones. Abimelec, a pesar de ser un rey pagano, busca la misericordia del Creador, lo que demuestra que el juicio y la rectitud son principios universales. El hecho de que mencione a su nación en su súplica sugiere una profunda conexión entre los líderes y su pueblo, algo que la cábala también explora al conectar nuestras acciones personales con el bienestar del colectivo.
Este pasaje nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad colectiva y el poder de la intercesión. Según los cabalistas, cada acto justo, cada tzadik, contribuye al equilibrio y la armonía del mundo. Este análisis nos motiva a reflexionar sobre cómo nuestras decisiones y actos afectan no solo a nosotros, sino también a nuestro entorno.
Y aunque nos cuestionemos: ¿cómo es que alguien “ajeno” a la revelación termina en un diálogo directo con el Altísimo? La respuesta sacude nuestros prejuicios religiosos y nos revela la naturaleza del Mesías y del Creador.
El Mesías y la “Luz de la Conciencia” (Logos)
Desde la perspectiva del Zohar, el Mesías no es solo un personaje histórico, sino una fuerza espiritual (Luz de Jojmá) que sostiene toda la creación.
El Diálogo: El hecho de que Dios hable con Abimelec nos enseña que el Creador tiene una “línea directa” con la conciencia de cada ser humano, sea creyente o no.
La Conexión Mesiánica: El Nuevo Testamento llama al Mesías “la luz verdadera que alumbra a todo hombre” (Juan 1:9). Abimelec no dialoga con Dios por sus méritos religiosos, sino porque la chispa mesiánica de la justicia (la conciencia) está activa en él.
El Mesías actúa como el puente. Incluso si Abimelec no conocía el “sistema” de Abraham, conocía la Ley Natural del bien y el mal que el Mesías personifica.
Abimelec y la “Rectitud del Corazón”
En el texto, Abimelec apela a su Tom-Levav (integridad de corazón). En la Cábala, esto es vital:
Gematría de Levav (Corazón – לבב): 30 (ל) + 2 (ב) + 2 (ב) = 34.
El número 34 es el valor de la palabra Dal (דל), que significa “pobre” o “puerta”.
Abimelec era “pobre” en conocimiento teológico (comparado con Abraham), pero su corazón era una “puerta” abierta a la corrección divina. Dios prefiere a un “pagano” honesto que a un “creyente” que usa la mentira como escudo.
El Propósito de Dios con los “Alejados”
¿Por qué Dios se revela a un rey de Gerar? El Talmud y los sabios explican que Dios tiene dos formas de interactuar con el mundo:
Middat Ha-Din (Atributo de Justicia): Es como Dios trata con Abimelec. Es una comunicación directa, lógica y de advertencia (“Morirás si no devuelves a la mujer”).
Middat Ha-Rajamim (Atributo de Misericordia): Es como Dios trata con Abraham, a través de la promesa y la paciencia.
El relato nos enseña que:
Dios usa a los “no creyentes” para pulir el carácter de los creyentes. Abraham aprendió que había “temor de Dios” en lugares donde él pensaba que no lo había.
El Mesías es el Rey de toda la tierra, no solo de una religión. Su autoridad alcanza los palacios de Gerar tanto como las tiendas de Abraham.
¿Cómo discernir hoy si un mensaje viene de Dios? (Criterios del Zohar)
Para un creyente actual, discernir si una “voz”, un sueño o una corazonada es divina, el Zohar nos da tres llaves:
La Llave de la Humildad: Si el mensaje alimenta tu ego, no es de Dios. El mensaje de Abimelec lo humilló (“eres hombre muerto”), lo cual lo llevó a la acción justa.
La Llave de la Restitución: Un mensaje divino siempre te impulsará a corregir un daño. Si el “sueño” solo te da información pero no te pide rectificar (Tikún), duda de él.
La Llave de la Paz (Shalom): La palabra de Dios, aunque sea dura, produce orden. El sueño de Abimelec terminó en la sanidad de toda su casa y en una alianza de paz con Abraham.
A veces, como creyentes, nos volvemos exclusivos, pensando que Dios solo habla “nuestro idioma”. Génesis 20 nos recuerda que el Creador es mucho más grande que nuestras etiquetas.
El Mesías está trabajando en el corazón de tus vecinos, de tus jefes y de aquellos que parecen “alejados”. A veces, Dios usará a un “Abimelec” para recordarte que tu palabra debe ser santa y que Él es quien realmente te protege, no tus pequeñas mentiras de supervivencia.



